Mandela y Mugabe, dos visiones de la presidencia

Nelson Mandela se alejó de la presidencia luego de un solo período como gobernante. Robert Mugabe, casi nonagenario y el único jefe de estado que ha tenido Zimbabue desde que se independizó en 1980, sigue en el poder tras ganar una cuestionada elección la semana pasada.

Estos dos líderes tomaron por diferentes caminos una vez en el gobierno y representan visiones políticas de grandes contrastes, que pueden servir de referencia para otras regiones, incluida América Latina, donde en los últimos años varios presidentes han buscado mantenerse en el poder una vez cumplidos sus mandatos.

El gran interrogante para cualquier líder con gran arrastre popular o que cuenta con el apoyo de las fuerzas de seguridad y otras instituciones del gobierno es cuándo dejar el poder. Mandela y Mugabe son parte de una generación de dirigentes africanos que adquirieron gran estatura política luchando contra el colonialismo y contra gobiernos de la minoría blanca. A muchos les cuesta alejarse del poder una vez que lo alcanzan y ceden a la tentación del autoritarismo y de las riquezas materiales.

Las historias de estos dos hombres son muy parecidas, pero el prestigio de Mugabe, un ex guerrillero y paladín de la lucha por la liberación del sur de Africa, se vio opacada un poco cuando Mandela salió de la cárcel en 1990. El carismático líder sudafricano le tendió una mano a sus antiguos enemigos, mientras que Mugabe, más bajo y retraído, optó por la senda autoritaria. Los dos mantuvieron una relación cordial, pero nunca demasiado estrecha.

Mugabe tiene 89 años y su salud parece bastante buena. Ha liderado Zimbabue por tanto tiempo que su figura es parte de la identidad nacional de un país que ha sufrido crisis económicas, sanciones de Occidente y períodos de violencia y de emigraciones masivas a la vecina Sudáfrica. Niega que haya habido fraude en las elecciones del 31 de julio y se dispone a cumplir un séptimo período como presidente. Basó su campaña en la promesa de promover los intereses de los negros, apropiándose de las 1.138 empresas extranjeras o en manos de blancos que quedan en Zimbabue.

En una inusual entrevista televisiva este año, Mugabe opinó que Mandela fue demasiado blando con la minoría blanca sudafricana tras acabar con el apartheid, como se denomina a la segregación racial. Mandela no quiso ahuyentar a los inversionistas hostigando a los blancos, que manejaban la economía. Hoy sigue habiendo desigualdad en Sudáfrica, pero el país evitó la catástrofe económica que sufrió Zimbabue.

Para Mugabe, Mandela "fue demasiado lejos" en la protección de los derechos de las comunidades no negras.

"Fue demasiado santo, demasiado bueno", expresó en declaraciones a la South African Broadcasting Corp.

El partido ZANU-PF de Mugabe apoyó alguna vez al Congreso Panafricano de Sudáfrica, como se denominó al segundo movimiento de liberación de ese país, sucesor del Congreso Nacional Africano de Mandela.

Desde el 2000, violentas ocupaciones de miles de haciendas de blancos por parte de elementos leales a Mugabe desestabilizaron la economía de Zimbabue, que gira en torno a la agricultura. Luego de las ocupaciones, el partido de Mugabe exigió que las compañías que no fuesen propiedad de los negros cediesen el 51% de su control a esa población. Zimbabue, otrora el granero de Africa, tiene que importar alimentos hoy.

Mandela, quien cumplió 95 años el mes pasado y actualmente está hospitalizado con serios problemas de salud, dejó la presidencia en 1999 luego de un solo período de cinco años, durante el cual fue un abanderado de la reconciliación. Su decisión de no buscar otro mandato decepcionó a muchos de sus partidarios, pero fue coherente con su prédica de que el liderato es un esfuerzo colectivo, no individual. Esa postura puede ser vista como un mensaje a otros líderes que insisten en mantenerse en el poder.

Mugabe parece disfrutar las batallas con sus rivales, a los que superó con su astucia una y otra vez, en tanto que Mandela se tomaba las cosas con más filosofía y no parecía demasiado a a gusto lidiando con los atolladeros políticos cotidianos cuando ejerció la presidencia.

En sus visitas a Zimbabue, el estilo alegre de Mandela contrastaba con la solemnidad de Mugabe y su frialdad hacia la prensa.

En una conferencia de prensa Mugabe se sentó incómodo y tenso en un extremo de un sillón mientras un Mandela relajado respondía preguntas con soltura.

"Ven a visitarme a casa, tráeme ron y te contaré todo", bromeó Mandela, mientras Mugabe permanecía rígido cerca suyo.