Europa sopesa reacomodo militar por amenaza rusa

Después de la Guerra Fría, Suecia reordenó su estrategia nacional de seguridad para prestar mayor atención al despacho de fuerzas a zonas de conflicto lejanas e incluso a desafíos no militares como el cambio climático. Los críticos que insistían en la amenaza rusa eran considerados retrógrados.

Estos ahora se preguntan quiénes son los desubicados.

"Ha sido un evidente error de juicio", comentó el exministro sueco de defensa Mikael Odenberg, quien renunció en 2007 para protestar por la reducción de gastos militares.

La celeridad con que Rusia empleó la fuerza militar en Ucrania ha sido un llamado de atención para muchos países europeos, que desde que se desplomó la Cortina de Hierro han reducido los gastos para la defensa. Algunos dieron prioridad a misiones internacionales en Afganistán y otros sitios en vez de enfocarse en una agresión potencial del Este. Ahora piensan seriamente en un reacomodo de prioridades, particularmente en naciones con tristes recuerdos de tanques rusos hollando sus territorios.

"Si no hacemos pronto algo al respecto, algunas de nuestras capacidades quedarán degradadas a tal punto que dejarán de existir", advirtió el jefe de las fuerzas armadas checas, Petr Pavel, la semana pasada en una conferencia conmemorativa por el 15vo aniversario del ingreso de su país en la OTAN.

Solo un puñado de miembros de la OTAN cumplen con el objetivo de la alianza de dedicar a la defensa el 2% de su producto interno bruto. Mientras tanto, Moscú invierte más del 4% del PIB en su aparato militar.

Estrechados por la crisis financiera, los presupuestos europeos de defensa bajaron pese a que Rusia volvió a flexionar sus músculos con ejercicios militares y patrullas cerca de sus fronteras europeas, incluso la reanudación de vuelos de los bombarderos estratégicos de largo alcance en 2007. Aunque la breve guerra de Rusia con Georgia en 2008 fue un llamado de atención, se consideraba que la movilización rusa se limitaba a modernizar fuerzas militares que habían quedado desactualizadas.

"Pienso que mucha gente subestimó la disposición de Rusia a usarlas", opinó Samuel Perlo-Freeman, analista de gastos militares en el Instituto Internacional de Investigación para la Paz, en Estocolmo.

Consideró muy probable que la autoafirmación de Moscú en la crisis ucraniana provoque un aumento en los presupuestos militares de los países fronterizos o cercanos a Rusia tanto en Europa central como en el Báltico.

Hay indicios de que ya está ocurriendo. El ministro de Defensa de República Checa propuso recientemente elevar los gastos militares a 1,5% del PBI, aunque todavía no hay una propuesta concreta.

Lituania invierte menos de 1% de su gasto en su aparato militar, pero tiene planes de aumentarlo.

Funcionarios de Lituania, junto con sus vecinos Estonia y Letonia, han solicitado a la OTAN que emplace más recursos en sus territorios, incluso fuerzas de infantería y defensas misiles. La alianza militar encabezada por Estados Unidos ha reforzado sus patrullas aéreas sobre los tres países y Francia ofreció el viernes agregar cuatro jets más.

En Suecia, que no es miembro de la OTAN y por lo tanto no tiene garantías de que nadie le ayude en caso de un conflicto, la crisis de Ucrania ha suscitado nerviosas discusiones sobre el estado de las fuerzas armadas.

En medio de la Guerra Fría, la neutral Suecia tenía unos 400 aviones de combate, cuatro veces más que en la actualidad, y la capacidad de movilizar casi un millón de soldados. Ahora tiene menos de 20.000 soldados en servicio activo.

Finlandia, que tiene una frontera de 1.300 kilómetros (800 millas) con Rusia, mantiene una firme línea de defensa en el este como también una conscripción anual de 25.000 soldados, además de 14.500 efectivos permanentes.

"En la euforia posterior a la Guerra Fría que entusiasmó a Europa", dijo Salonius Pasternak, un investigador en el Instituto Finlandés de Asuntos Internacionales, "los militares finlandeses, el establecimiento político y la población que lo apoya no cambiaron drásticamente su enfoque de cuál es la amenaza existencial para Finlandia: Rusia".