Vendedores ambulantes de Metro de México protestan

En otra época, viajar por el tren subterráneo de la Ciudad de México significaba tener que soportar a ruidosos vendedores ambulantes que ofrecían todo tipo de mercancías, desde loción desinfectante hasta golosinas hasta CDs.

Invitaban a comprar sus productos a gritos, usando altoparlantes amarrados a la espalda, a veces junto a extraños espectáculos improvisados.

No se trataba de un simple paseo en metro, era una aventura.

Hoy en día, el sistema de transporte subterráneo en Ciudad de México es uno de los 10 más grande del mundo, transportando a más de 1.600 millones de pasajeros al año. Está mucho más tranquilo comparado con lo que era antes, desde que las autoridades decidieron tomar medidas para poner fin al caos.

Las autoridades del Sistema de Transporte Colectivo empezaron en diciembre a expulsar a algunos de los vendedores de los vagones. El miércoles de esta semana, la prohibición regía sobre todas las 12 líneas y 162 estaciones.

"Así es como debe ser", comentó Jaime Lemus, un pasajero en el subterráneo. "Era terrible, los vendedores venían y molestaban a la gente".

En respuesta, miles de vendedores han protestado en las calles y frente a la municipalidad, denunciando que las autoridades les están despojando de su trabajo sin darles una alternativa. Algunos incluso marcharon enmascarados, aunque no queda claro por qué sentían la necesidad de ocultar su identidad.

La ciudad les ha ofrecido estipendios de 2.098 pesos (casi 160 dólares) al mes, con la condición de que acepten adiestramiento ocupacional en una variedad de empleos, desde hotelería a masajes.

Los vendedores dicen que no es una oferta seria. La mayoría no tiene interés alguno en dejar de vender, y vendiendo ganan más de tres veces esa cantidad. Hasta ahora, más de 2.000 se han registrado para recibir esos estipendios, pero sólo 967 se han inscrito en las clases, según la Secretaría Municipal de Desarrollo Económico.

La municipalidad además les ha ofrecido a los vendedores que han sido expulsados del metro, la alternativa de vender legalmente, pero en otra parte.

"Nos ofrecen locales donde no hay gente, lugares que han sido abandonados por otros vendedores porque no viene nadie", se quejó Juan José Hernández Díaz, quien ha vendido cosas en el Metro durante 25 años. "No podemos vivir con 500 pesos a la semana. Tengo una hija en la secundaria y sus gastos de 100 pesos al día".

Desde siempre ha estado prohibida la venta ambulante en los trenes subterráneos, pero como suele ocurrir en Ciudad de México, los que necesitan empleo crean su propio empleo, y las autoridades no siempre hacen cumplir las leyes. Al final se trata de una lucha económica evidente en varias partes, a medida que gobiernos recientes han tratado de traer orden a esta caótica ciudad, de 8 millones de habitantes, aunque son 20 millones si se habla de toda la zona metropolitana.

Debido a que la mayoría de los mexicanos trabajan en la economía informal, inevitablemente la limpieza de áreas públicas conllevará dejar sin trabajo a alguna gente.

Sin embargo, las autoridades insisten en que vender cosas improvisadamente en los trenes subterráneos es inapropiado.

"El Metro es un medio de transporte, no un lugar para vender", dijo un funcionario del sistema de trenes, que pidió no ser identificado porque no estaba autorizado para hablar con nombre sobre el conflicto.

Mencionó encuestas recientes, contratadas por la autoridad de transporte, según las cuales los vendedores ambulantes son la principal molestia para los usuarios. Los sondeos fueron realizados a raíz de un aumento en la tarifa de transporte que se implementó en diciembre. Las autoridades prometieron que los ingresos adicionales irían hacia la compra de más trenes, mejor servicio y más seguridad, incluyendo la erradicación de los vendedores ambulantes. Desde que se aplicó el aumento del pasaje, el sistema de transporte no sólo tuvo el enfrentamiento con los vendedores sino que la semana pasada tuvo que cerrar aproximadamente la mitad de las estaciones en su línea más moderna, debido a fallas de diseño.

La municipalidad ha despechado cientos de policías auxiliares para patrullar los andenes y los vagones. A los vendedores descubiertos se les confisca la mercancía e incluso se les puede detener por breve período.

Rodolfo Aguilera, uno de los vendedores, dice que el gobierno debería usar el dinero que entregaría como estipendio para crear quioscos permanentes en el tren subterráneo. La municipalidad responde que los vendedores necesitan el adiestramiento antes de poder operar los quioscos.

Hasta ahora, el conflicto no ha podido resolverse.

Los vendedores siguen vendiendo en los vagones, aunque más sigilosamente. Cargan la mercancía en sacos cerrados y esperan hasta que cierren las puertas, para evitar ser vistos por la policía.

Incluso los mismos vendedores admiten que sus altoparlantes son una molestia.

"Ahora es mucho mejor", comentó Hernández, en alusión a que abandonó su altoparlante hace tres meses.

Es el único punto en que ambos bandos están de acuerdo.