Argentina: miles piden trabajo a San Cayetano

Una multitud de fieles con espigas de trigo y rosarios en las manos celebraba el miércoles la festividad de San Cayetano, patrono del pan y el trabajo, en un clima de renovada fe atribuido al religioso que durante 15 años compartió con ellos la vigilia del 7 de agosto frente al santuario antes de convertirse en el papa Francisco.

El sumo pontífice filmó un mensaje desde Roma que fue difundido por una pantalla gigante en la medianoche del miércoles antes de que abrieran las puertas de la centenaria parroquia del barrio de Liniers de Buenos Aires a los miles de peregrinos que aguardaban desde hace varios días para pedir o agradecer por trabajo.

"Como todos los años, después de recorrer la cola (hilera) hablo con ustedes. Tal vez la cola la recorrí con el corazón. Estoy un poquito lejos... El lema es ir al encuentro de los más necesitados, los que necesitan que les demos una mano, que los miremos con cariño, que compartamos su dolor, sus ansiedades, sus problemas. Lo importante no es mirarlo de lejos o ayudarlo desde lejos. Es ir al encuentro", les dijo el papa Francisco, que durante 15 años ofició misa en esta festividad como arzobispo de Buenos Aires.

Fotos, banderas blancas y amarillas del Vaticano y cualquier otra alusión al sumo pontífice resaltaban en la extensa hilera de peregrinos que esperaban ingresar al santuario y tocar la imagen de San Cayetano. Hombres y mujeres de distintas edades compartieron diversas anécdotas que tuvieron como protagonista al cardenal Jorge Mario Bergoglio. También coincidieron en que los gestos de humildad y la calidez del nuevo jefe de la Iglesia Católica que tanto sorprenden al mundo ya eran habituales cuando recorría los alrededores de la parroquia en los primeros días de agosto.

"Lo que está diciendo ahora ya lo decía siempre acá. Siempre basándose en la humildad, en ser humildes, en dar, dar y dar y no pensar en recibir. Dar hasta que duela, nos decía", dijo a The Associated Press Susana Carabajal, una jubilada de 71 años que desde hace cuatro décadas asiste cada 7 de agosto al santuario.

"El venía a cualquier hora, la una, las dos de la mañana y a cada peregrino lo tocaba y le daba un beso", relató.

San Cayetano, el italiano nacido en 1480 en el seno de una familia adinerada, estudió abogacía e ingresó a la cancillería de los Estados Pontificios, donde tuvo una destacada labor. Preocupado por el excesivo lujo de los palacios y la miseria de los suburbios, decidió abandonar la carrera y se hizo sacerdote. Austero, fundó un monasterio que dio refugio a hambrientos, enfermos y prostitutas arrepentidas. Murió el 7 de agosto de 1547 y fue declarado santo en 1671.

En un país habituado a las crisis económicas, San Cayetano es uno de los santos con más fieles en Argentina, en especial entre los sectores populares. "Con Jesús y San Cayetano vamos al encuentro de los más necesitados" fue el lema elegido este año en coincidencia con el centenario del santuario.

La tradición indica que los creyentes deben guardar vigilia frente al santuario como mínimo diez días antes del 7 de agosto.

"Si bien vienen porque tienen su devoción hace muchos años, la sensación es que lo del papa Francisco los ha movido mucho. (El papa) pasaba caminando por la cola, se ponía a tomar un mate, que es un símbolo de compartir. El tenía muy claro el encontrarse con las personas de forma muy cercana y eso no se borra", apuntó el padre Silvio. "Reflotan en sus recuerdos aquella cercanía y es lo que vienen a buscar hoy también".

Mientras aguardaba por ingresar al santuario, Rubén Narváez pegó en una de las vallas un poster con el rostro de Francisco y la frase "El papa del fin del mundo". El hombre de 35 años mostró con orgullo un documento que certifica que nació en la misma fecha que el papa, con quien lo une también la pasión por el club de fútbol San Lorenzo.

"En mi vida imaginé que Bergoglio podía ser elegido papa. Veo que es la misma persona. Acá se nos acercaba, nos bendecía. Cada medianoche del 7 de agosto pasaba y sabía reconocer a los que estábamos en la fila desde hacía varios días", indicó Narváez, que trabaja de sereno.

Perla Georgevich, una vendedora de estampas de San Cayetano de 48 años, comentó que este año "la gente está creyente, más amable. Hay una atmósfera diferente. Hay mucha fe".