Tártaros de Crimea temen regreso a dominio ruso

La llegada de las fuerzas rusas a Crimea abrió viejas heridas entre los tártaros de la región que fueron deportados durante la Segunda Guerra Mundial.

Temerosos de que se les considere de nuevo indeseables en su territorio, algunos han organizado patrullas de vigilancia para proteger a sus familias y casas en una región que creen firmemente debe permanecer como parte de Ucrania.

Las tensiones se han incrementado con los preparativos para el referendo del domingo en el que se definirá si Crimea permanece en Ucrania o se anexa a Rusia.

"Hay una súbita sensación de peligro", dijo Dilyaver Reshetov, quien encabeza un grupo de vigilancia en el vecindario de Akmechet, en Simferópol.

Aunque la mayoría étnica rusa en Crimea quizá está a favor de la anexión a Rusia, los tártaros, que son de religión islámica, han expresado su apoyo a las autoridades ucranianas en Kiev.

Por esta situación, temen convertirse en blanco del nacionalismo ruso que va en aumento en la península de Crimea, que se extiende sobre el mar Negro.

Poco después de que el presidente pro ruso Víktor Yanukovich huyera de Ucrania hace dos semanas, unos 20.000 tártaros efectuaron una manifestación en Simferópol, la capital de Crimea, en apoyo al gobierno pro occidental de Kiev.

Esta movilización fue confrontada por una manifestación pro rusa más pequeña y al menos 20 personas resultaron lesionadas en los enfrentamientos.

"Desde la incursión han comenzado a presentarse hombres armados", dijo Reshetov.

"En pro de la seguridad de nuestro vecindario --porque nadie viene a protegernos-- se han hecho propuestas para que nos congreguemos y protejamos nuestra seguridad", agregó.

Lo que comenzó como apenas 40 voluntarios se ha incrementado a más de 200 en Akmechet, donde los residentes han convertido una mezquita en un centro de mando provisional para la organización de los voluntarios.

Estos, provistos de linternas y mapas, patrullan las calles --que carecen de una buena iluminación-- y detienen cualquier vehículo sospechoso que intente ingresar en el vecindario.

"Los tártaros de Crimea no duermen durante la noche porque están de guardia cerca de sus aldeas", dijo Seiran Imaguilov, de 23 años.

El dirigente de la comunidad tártara de Crimea, Refat Chubarov, dijo que él comprende el apego de los rusos en Crimea hacia Moscú, ya que muchas de las familias rusas llegaron apenas después de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la solución, sería que si están descontentos regresen a Rusia, propuso Chubarov.

"Queremos que (los rusos) entiendan nuestro amor por nuestra tierra y consideren el hecho de que no tenemos otra patria", dijo Chubarov durante una entrevista en su despacho. "No tenemos otra opción. Ellos sí", agregó.

Los tártaros, un grupo étnico túrquico, conforman ahora el 12% de la población, pero gobernaban Crimea desde el siglo XVI hasta que los rusos conquistaron la península en el siglo XVIII.

En mayo de 1944, poco después de que las fuerzas soviéticas expulsaran al ejército nazi alemán que había ocupado Crimea gran parte de la Segunda Guerra Mundial, el dictador soviético José Stalin ordenó la deportación de toda la población tártara, a la que acusó de haber colaborado con el enemigo.

Los tártaros, que sumaban unos 250.000, fueron transportados en trenes de carga a Asia Central, donde más de 40% de ellos murieron de hambre o por enfermedad.

En los años previos al derrumbe de la Unión Soviética en 1991, los tártaros comenzaron a regresar a Crimea, que ya pertenecía entonces a la Ucrania independiente y adoptaron a su nuevo país.