Bachelet deberá recomponer lazos regionales

Entre los desafíos que la presidente Michelle Bachelet enfrentará a partir del 11 de marzo está el de recomponer lazos diplomáticos con las naciones suramericanas luego de cuatro años del gobierno conservador de Sebastián Piñera, que centró sus esfuerzos en profundizar las relaciones comerciales.

"El primer desafío de Bachelet es recomponer las relaciones con los países vecinos (Argentina, Bolivia y Perú), en base a definiciones políticas en temas centrales para la región, como la desigualdad o la migración Sur-Sur", dijo a The Associated Press la analista Francisca Quiroga, docente de la Academia Diplomática de Chile.

La presidenta socialista, que gobernó entre 2006 y 2010, iniciará el martes su segundo mandato presidencial de cuatro años, con un fuerte reconocimiento de su región, que se reforzó tras su paso por la Secretaría General de ONU Mujeres, afirmó Quiroga.

Según la analista, los énfasis económicos puestos por Piñera en su agenda internacional relegaron a segundo plano lo político, algo que fue abordado por Bachelet durante la campaña, cuando cuestionó el "énfasis mercantil" adoptado por el país en su política exterior, anticipando un enfoque más político en sus decisiones a nivel de Cancillería.

"La política exterior de Chile en el próximo gobierno debe contribuir a lograr una mayor unidad regional", apuntó Bachelet.

En su programa de gobierno, la mandataria electa afirmó que "Chile ha perdido presencia en la región, sus relaciones vecinales son problemáticas, se ha impuesto una visión mercantil de nuestros vínculos latinoamericanos y se han ideologizado las opciones de inserción externa".

Al mando de su Cancillería estará Heraldo Muñoz, ex representante de Chile ante la ONU y alto funcionario del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Muñoz deberá abordar los conflictos pendientes con Perú, cuya relación --marcada por el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya_, se limitó casi exclusivamente al ámbito comercial en el marco de la Alianza del Pacífico. Este es un acuerdo al que Piñera puso mayor énfasis y que le permitió tener una cercanía con el que sería su mayor aliado político en la región, el presidente colombiano Juan Manuel Santos.

El gobierno entrante también deberá hacer frente a la crisis con Bolivia, país con el que Chile rompió relaciones diplomáticas en 1978, y que demandó ante La Haya una salida soberana al mar.

En esa línea, los analistas ven como un gesto de acercamiento la presencia del presidente Evo Morales en la asunción de Bachelet, algo que se verá reforzado con la visita del vicepresidente boliviano, Álvaro García Linera, a fines de marzo.

Además, Muñoz deberá impulsar los vínculos con Argentina, congelados en los últimos años tras el asilo político otorgado a un ex activista de izquierda procesado en Chile y el conflicto entre la aerolínea chilena LAN y las autoridades aeroportuarias de ese país.

"¿Alguien imagina si Aerolíneas Argentinas en lugar de ser línea de bandera recuperada (.) hubiera sido una empresa de mi propiedad y cuando me eligen presidenta la hubiera vendido?", dijo la presidenta argentina Cristina Fernández en referencia implícita a la que hasta 2010 fue propiedad de Piñera.

En contraste, Fernández llama "querida amiga" a Bachelet.

En el caso de Brasil, un aliado históricamente estratégico para Chile, las relaciones con Piñera fueron distantes al punto que, si bien la presidenta Dilma Rousseff anunció en diversas ocasiones una visita a Chile, sólo la concretó en el marco de su participación en la Cumbre del Celac, en enero de 2013.

Rousseff, amiga personal de Bachelet, ya anticipó una profundización de las relaciones con Chile y aseguró que ambas tienen "una comprensión clara del papel de la integración en Suramérica".

Para Quiroga, la mandataria chilena debe impulsar un papel más activo de Chile en mecanismos como la Unión de Naciones Suramericanas, Unasur, o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, Celac. También tiene un rol importante como miembro del Consejo de Seguridad de la ONU.

La propia mandataria estableció en su programa que "Unasur debe constituirse en un punto de confluencia de las iniciativas de integración de América del Sur, mientras CELAC debe ser una instancia de coordinación política en la región".