Política atiza deuda e inestabilidad en Líbano

Políticos libaneses pretenden conseguir decenas de millones de dólares en asistencia durante una reunión prevista para el miércoles en París con el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, y diplomáticos de otras latitudes a fin de que ayuden a su país a manejar la oleada de refugiados provenientes de la guerra civil en Siria.

Sin embargo, mientras las autoridades de Líbano solicitan recursos distan de tener la casa en orden.

A pesar del agravamiento de la crisis humanitaria por la llegada de más de un millón de refugiados sirios y una abultada deuda de 60.000 millones de dólares --una de las más altas en el mundo en comparación con el producto interno bruto-- hay pocas señales de adopción de medidas para contrarrestar la caída de la economía en una nación cuya democracia disfuncional ha estado empañada por el nepotismo, la corrupción y un gobierno al estilo de jefes de grupos armados desde la conclusión en 1990 del conflicto armado interno que duró 15 años.

Los legisladores y políticos del país no muestran mucha urgencia si tardaron casi un año para ponerse de acuerdo en la formación de un nuevo gobierno después de la renuncia del primer ministro en marzo de 2013.

El parlamento, que no se reúne a menudo, no ha aprobado ningún presupuesto durante ocho años y simplemente permite al gabinete que elabore el suyo.

Los legisladores nunca se han reunido a fin de examinar las políticas del gobierno para atender la afluencia de refugiados que ha tensado a su límite los servicios sociales, como la educación, la salud y el suministro de electricidad.

Sin embargo, los legisladores se las arreglan para aumentarse los sueldos y las prestaciones que se extienden mucho después de su retiro o su muerte. Más que legislar, los miembros del parlamento actúan principalmente como proveedores de servicios a favor de un estrecho grupo de personas, con base en la secta y afiliación familiar de éstas, no para la ciudadanía en general.

"Somos una oligarquía, no una democracia", dijo Ghassan Moukheiber, legislador cristiano del centro de Líbano.

Aunque a menudo se señala a Líbano como un ejemplo extraordinario de democracia en un mundo árabe autocrático, las decisiones principales son adoptadas fuera del parlamento e incluso fuera del gobierno.

Están las manos de un reducido grupo de personas que han adquirido poder político por su inmensa riqueza o porque comandaron algún poderoso grupo armado durante la guerra civil que libraron principalmente las sectas cristiana y musulmana en el país, dijo Moukheiber.

El sistema político del país basado en sectas quedó consagrado en el acuerdo para compartir el poder que puso fin a la guerra civil en Líbano.

Según el Acuerdo de Taif, los integrantes del parlamento y el gabinete deben ser mitad musulmanes y mitad cristianos.

Un acuerdo no escrito concertado después de la independencia de Líbano en 1943 garantiza que el presidente sea cristiano; el primer ministro, un musulmán suní, y el presidente del parlamento, un musulmán chií.

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Barbara Surk está en Twitter como www.twitter.com/BarbaraSurkAP