Siria: Repercusiones de la guerra en el Levante

La aldea otrora tranquila, religiosamente diversas de Bisariyeh es un hervidero: dos de sus jóvenes que pelearon junto con los rebeldes en Siria recientemente regresaron al Líbano radicalizados y lanzaron ataques suicidas en el país.

El fenómeno es seguido con nerviosismo en toda la región, particularmente en Arabia Saudí, donde las autoridades toman medidas para impedir que sus ciudadanos vayan a combatir a Siria.

Los acontecimientos ilustran cómo la guerra en Siria tiene una peligrosa resonancia en el Oriente Medio y ha desatado temores de que los yihadistas regresen a casa con ideas peligrosas y se vuelvan contra sus propios países.

En el Líbano, donde las viejas tensiones entre suníes y chiíes han sido inflamadas por el conflicto en el país vecino, los temores de una repercusión negativa se han vuelto realidad.

La estructura social de ciudades y aldeas en todo el país se resquebraja ante lealtades encontradas y una ola de ataques con bomba lanzados por extremistas suníes en represalia por el respaldo militar del grupo chií Jezbolá al gobierno del presidente sirio Bashar Assad.

En los últimos meses, al menos cinco suníes han desaparecido de Bisariyeh, una aldea pobre predominantemente chií en el sur libanés, y se piensa que fueron a combatir a Siria.

Dos de ellos -- Nidal al-Mughayar y Adan al-Mohammad -- regresaron al país y lanzaron ataques suicidas contra objetivos iraníes en Beirut el 19 de febrero, con un saldo de ocho muertos y más de 100 heridos.

"Era un buen hombre, con un buen corazón, pero parece que gente sin conciencia le lavó el cerebro", dijo Hisham al-Mughayar de su hijo de 20 años.

Al conocerse en la aldea que Nidal era uno de los atacantes, residentes chiíes marcharon furiosos hasta la casa de sus padres y la incendiaron, junto con la tienda de abastecimientos de la familia y cuatro vehículos.

"Él se destruyó a sí mismo y a nosotros", dijo el padre mientras mostraba a un reportero de la Associated Press los restos calcinados de su casa de dos pisos.

Las preocupaciones por esa radicalización han hecho que gobiernos de la región se apresuren a tomar medidas.

Luego de años de hacerse de la vista gorda con los yihadistas que se iban a combatir al exterior, Arabia Saudí está implementando nuevas leyes y lanzó una campaña para impedir que sus ciudadanos se sumen a la guerra civil siria. La intención es enviar un mensaje claro de que los que desafíen las leyes tendrán que pelear hasta la muerte y no podrán regresar al país.

La medida refleja en parte presiones de Estados Unidos, aliado saudí que desea la caída de Assad, pero está alarmado por la creciente influencia de milicianos extremistas extranjeros -- muchos de ellos de al-Qaida -- entre los rebeldes.

Funcionarios sirios dicen que menos de 3.000 saudíes están peleando en Siria, pero analistas y otros colocan la cifra en hasta 15.000.

En Bisariyeh, Hisham al-Mughayar se mudó con sus padres. Sus hijas han dejado de ir a la escuela y su otro hijo no va más al trabajo, por temor a represalias.

"Si hubiese sabido dónde estaba mi hijo, habría ido a buscarlo. Somos inocentes de lo que él hizo", dijo. "Es una catástrofe que nos golpeó, aunque no tenemos nada que ver con ello".

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La redactora de la AP Zeina Karam contribuyó a este despacho desde Beirut.