Pocas esperanzas con diálogo sobre Siria

Con mucho en juego y pocas expectativas, el gobierno sirio y sus opositores se sentarán por primera vez cara a cara en la mesa de negociaciones esta semana en una conferencia de paz, proceso que es resultado de la fuerte presión de potencias extranjeras que temen que el más sangriento de los levantamientos de la Primavera Arabe pueda convertirse en una guerra sectaria que abarque a toda la región.

La inauguración de la llamada conferencia de paz Ginebra 2 el miércoles en Suiza refleja la unanimidad de la comunidad internacional sobre la necesidad urgente de poner fin a un conflicto que ha cobrado más de 130.000 vidas, provocado la peor crisis humanitaria en varios decenios y desatado odios sectarios que siguen estremeciendo el Medio Oriente.

Diplomáticos y líderes políticos reconocen que las perspectivas de lograr tal meta a corto plazo son pocas, en el mejor de los casos.

Tanto el gobierno como la oposición han sufrido enormes pérdidas, pero incluso ahora, ninguna de las dos partes parece lo suficientemente desesperada por lograr una acuerdo que esté dispuesta a ceder en sus posiciones. En este momento, se espera que reunir a los adversarios en el mismo salón para comenzar un proceso que se pronostica puede durar años sería considerado un éxito.

Los defensores de la conferencia alegan que pudiera ser una apertura que mejore el flujo de ayuda humanitaria ayude a concretar una interrupción de las hostilidades en ciertas zonas con el fin de reducir las masacres en algún grado.

Pero hay una interrogante general sobre la conferencia: ¿Cómo puede la oposición, representada por la Coalición Nacional Siria, respaldada por Occidente, hacer cumplir cualquier acuerdo logrado en Ginebra?

El grupo, formado por varias facciones contrarias al gobierno, tiene poca credibilidad con los rebeldes dentro de Siria y ninguna influencia sobre los grupos armados más poderosos, que han rechazado en público cualquier negociación con el presidente sirio Bashar Assad.

La crisis en Siria comenzó en marzo de 2011 durante la etapa más fuerte de los levantamientos de la llamada Primavera Arabe, que barrió con líderes autoritarios en Egipto, Túnez y Yemen. A diferencia de otros, los líderes sirios respondieron a protestas fundamentalmente pacíficas que pedían reformas políticas con una represión brutal. Eso obligó a la oposición a levantarse en armas y así nació una guerra civil en que también se dirime un enfrentamiento a través de terceros entre Irán, una potencia chií, y Araba Saudí, una potencia suní.

Es un conflicto complejo con numerosos participantes.

Del lado del gobierno, el ejército de Assad está respaldado por asesores militares de Irán y guerrilleros de milicias chiíes aliadas, como la libanesa Jezbolá, así como grupos iraquíes más pequeños. Del lado de la oposición, una amplia gama de brigadas rebeldes que van desde moderadas hasta ultraconservadoras lideran la rebelión, aunque grupos vinculados con al-Qaida, fortalecidos por combatientes de otros estados árabes y Europa han surgido como las fuerzas más potentes.

El surgimiento de facciones ha cambiado las percepciones del conflicto, particularmente en las capitales occidentales preocupadas por la amenaza del extremismo islámico. Líderes de Estados Unidos y Europa que otrora declararon audazmente que los días de Assad estaban contados, se han retractado de la idea de apoyar la rebelión, particularmente en forma de armas, por temor a que puedan ir a parar a manos de radicales.

El efecto acumulativo de la guerra a lo largo de tres años ha sido desastroso. Siria es un país en ruinas, con la economía destrozada y el tejido social hecho girones.

La inmensidad de las cifras es un testimonio de lo grave del conflicto: 130.000 muertos, 2,3 millones de refugiados oficiales, 6,5 millones más de desplazados dentro del país, y por lo menos 17 casos confirmados de poliomielitis, una enfermedad que fue erradicada en Siria hace más de un decenio.

La conferencia se inaugura en la ciudad suiza de Montreux con discursos del secretario de Estado norteamericano John Kerry, del ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguei Lavrov y otros 20 cancilleres. Las negociaciones entre el gobierno de Assad y la oposición deben comenzar dos días después en el histórico Palacio de las Naciones en Ginebra.