Letal comienzo del Ramadán en Irak

Este año el Ramadán está encaminándose a ser el más letal en Irak desde que una insurgencia sangrienta y asesinatos sectarios desenfrenados pusieron al país al borde de la guerra civil tras la invasión estadounidense que derrocó a Saddam Hussein.

Los ataques suicidas, los atentados con coche bomba y otros hechos de violencia han provocado la muerte de 169 iraquíes cuando apenas han pasado siete días del mes sagrado islámico. La cifra de fallecidos en la primera semana del Ramadán no había sido tan elevada desde 2007, lo cual ha intensificado los temores de que Irak esté deslizándose de nuevo a un caos generalizado.

No parece haber un patrón en la elección de los blancos, lo que incrementa la incertidumbre en un mes en el que el islam pide se busque el crecimiento espiritual y la generosidad.

Varios de los muertos la semana pasada fallecieron en un atestado salón de té del norte del país mientras jugaban mehebis, un juego en el que los participantes esperan ganar dulces al adivinar quién del equipo rival oculta un anillo en las manos. Otros fueron asesinados cuando nadaban con amigos, o al hacer compras para las cenas diarias en las que se rompe el ayuno, o mientras se dirigían a casa desde las mezquitas luego de las oraciones nocturnas.

Incluso para los iraquíes que se han acostumbrado a escuchar de la violencia aquí y allá, el hecho de que haya gran cantidad de homicidios a diario hace que la tendencia sea preocupante.

De plano, muchos están eligiendo permanecer en casa después de romper su ayuno de todo el día en lugar de aventurarse a asistir a reuniones familiares por el mes sagrado y sesiones de café hasta horas avanzadas, preocupados de que podrían ser las próximas víctimas.

"Al-Qaida y otros grupos terroristas... tienen mayor capacidad de movilizarse y atacar a blancos siempre que les venga en gana", dijo Qais Hamid, ingeniero y padre de tres hijos del oriente de Bagdad que dejó de asistir a un café cercano tras terminar su ayuno diario. "Esto sólo muestra que estos grupos terroristas se están fortaleciendo, mientras que nuestras fuerzas de seguridad se están debilitando".

El derramamiento de sangre durante el Ramadán es una extensión del repunte en los ataques que han estado sacudiendo Irak desde los primeros meses del año. Siguen a meses de manifestaciones de los suníes --una minoría en el país-- contra el gobierno encabezado por chiíes en torno a lo que consideran es el tratamiento de ciudadanos de segunda clase que reciben y el uso injusto de duras medidas antiterroristas contra su rama del islam.

Los asesinatos se incrementaron significativamente después de que las fuerzas de seguridad iraquíes aplicaron duras medidas represivas sobre un campamento suní de protesta en el poblado norteño de Hawija el 23 de abril. A ello siguieron intensas represalias, incluidos letales atentados con bombas y tiroteos esporáticos entre insurgentes y soldados, esta vez miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes en lugar de tropas estadounidenses.

En un informe divulgado esta semana, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, dijo que el nivel de violencia en los últimos meses es alarmante, e indicó que "las crecientes tensiones entre sectas están siendo una gran amenaza a la estabilidad y seguridad en Irak".

Nadie se ha adjudicado la responsabilidad de muchos de los atentados terroristas. Pero la estrategia de efectuar ataques indiscriminados y con frecuencia coordinados es una de las favoritas de al-Qaida, que espera azuzar el odio entre sectas y socavar al gobierno iraquí encabezado por chiíes.

Al-Qaida y otros fundamentalistas suníes consideran infieles a los chiíes.

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Los periodistas de The Associated Press Sameer N. Yacoub y Qassim Abdul-Zahra contribuyeron con este despacho.

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