Florida: Comida sobre ruedas con amor

John Jairo Peláez llegó en octubre del 2004 a Miami con solo 1.000 dólares en el bolsillo tras quebrar su fábrica de zapatos en Medellín.

Nueve años después, el empresario colombiano se ha convertido en uno de los más populares entre la decena de camiones de venta de comida rápida hispana que diariamente amanecen en Kendall en medio de filas de clientes que buscan una mejor sazón de las que ofrecen las tradicionales cadenas de comida en el Condado Miami-Dade.

"Llueva, truene o relampaguee, yo estoy abierto aquí toda la madrugada", dijo Peláez, dueño de Asados El Paisa. "Esta aventura la empecé con mucho amor, como me enseñó mi mamá, porque un arrocito con huevo, pero hecho con amor, sabe riquísimo. Y lo de nosotros es hacer las cosas con amor y se ve el resultado. Gracias a Dios las cosas nos va muy bien".

Ubicados en estacionamientos de centros comerciales e iglesias a lo largo de las transitadas Avenida 137 y la Calle 88 del suroeste, estos camiones anuncian sus especialidades con modernos y lumínicos paneles digitales y despliegan banderas para dar a conocer el origen de sus platos.

El comisionado condal Javier Souto, que representa parte de Kendall, dijo que esa zona del sur de Miami-Dade, con una población de 300.000 personas, se ha consolidado como un atractivo escenario para estos pequeños negocios debido a la alta concentración de hispanos, que tratan de deleitar sus paladares con sabores típicos de sus países pero a precios económicos.

"En el Condado Miami-Dade, durante los años 80 y 90, estos camiones iban a zonas industriales cercanas al Aeropuerto de Miami para servir principalmente a los camioneros", dijo Souto. "Ahora siguen una tendencia más neoyorquina y buscan zonas más residenciales para vender sus comidas en vehículos más sofisticados, lo que ha sido un éxito".

Para Carla Santos y Estefanía Lugaresi, jóvenes hermanas de Kendall, salir a comprar las populares chimichurris dominicanas es una tradición para tratar de mantener vivas sus raíces.

Su lugar favorito es Chimi-Kendall, propiedad de Rubito Suárez, quien atiende en su camión en el estacionamiento Plaza Taimar, en la Avenida 137 frente al Aeropuerto Tamiami.

"Siempre tratamos de juntarnos para venir y comer aquí", dijo Lugaresi. "La comida es buena y a buen precio".

Allí una chimi cuesta 6 dólares, y un combo, que incluye carne frita, queso, tostones y longanizas, 12 dólares.

Hace tres años, Suárez compró en 15.000 dólares un camión de 1981, como una opción de negocio tras vender una pequeña tienda que tenía en el noreste de Miami.

"Ahora mi sueño es tener un camión más grande, para poder atender más gente", dijo Suárez.

En el estacionamiento del mismo centro comercial también están los camiones Que Sabroso Fast Food y Okay Extreme Burger, ambos de comida colombiana.

La buena fama de la sazón de los camiones de Kendall trasciende fronteras, al punto que R.J. Reyes, un de Pembroke Pines, acude a los camiones de la Calle 88 cada vez que visita a su amiga Claudia Sánchez.

"Vivo a casi una hora de aquí, pero cuando vengo lo que hago es buscar los camiones de comida de Kendall porque son muy buenos", dijo Reyes, de familia cubana.

Sin embargo, a partir del lunes, clientes como Reyes tendrán una opción más cercana en el Condado Broward, cuando se inaugurará Food Truck Collective, un parque de 2 hectáreas (5 acres) en la ciudad de Hollywood, que contará con numerosos camiones de comida rápida y donde también se organizarán espectáculos de música en vivo.

La actividad de comercial de los camiones de comida en Broward también ha captado la atención del colombiano Peláez, quien ya tiene un camión que recorre diferentes zonas del condado para eventos especiales.

Pero su inversión va más allá. "El Paisa" ahora planea adquirir un tercer camión para ubicarlo en Homestead y atender el creciente mercado de mexicanos.

Además, "El Paisa" alquiló hace cuatro meses un establecimiento en La Pequeña Habana para abrir un pequeño restaurante y ampliar su negocio de hamburguesas, arepas y tostones. Siguiendo el camino del peruano Gerardo Cárdenas, dueño de Super Cholo, quien hace seis meses se estableció en un local fijo, luego de varios años de vender comida en un camión en la esquina de la Calle 88 del suroeste y la Avenida 137.

Ese también es el sueño del limeño Carlos Paredes, dueño del camión Taipa, especializado en la venta de lomo saltado, entre otros platos peruanos.

"Dios mediante, espero inaugurar mi restaurante en marzo", dijo Paredes. "Pero eso no significa que dejaré el camión. Con mi esposa (Michelle Higueras) hemos trabajado muy duro y esperamos seguir haciéndolo".

El camión de Taipa se coloca en el estacionamiento de la iglesia luterana Lord of Life, junto con los camiones de comida colombiana Kala Fast Food y el de platos dominicanos Don Mofongo.

Para Peláez, quien ahorro sus propinas como mesero para comprar fiado su primer carrito de venta de hotdogs y luego su camión de comida, el ingrediente del éxito es una fusión de dedicación y espíritu de aventura.

"Cuando compré el boleto de avión para Miami hice una cachiporra: en una bolsa metí tres papelitos con los nombre de Nueva York, Atlanta y Miami. Y salió Miami", dijo Peláez, cuyo capital de negocio ya asciende a unos 250.000 dólares. "Y en todo este tiempo lo que he hecho es trabajar muy duro, dedicado a preparar comida rápida hispana de primera".

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Information from: El Nuevo Herald (Miami), http://www.elnuevoherald.com/