Demócratas avanzan entre cubano-estadounidenses

Durante más de dos décadas han sido necesarias dos cosas para postularse al Congreso en esta soleada capital habitada por exiliados cubanos: una tarjeta de pertenencia al Partido Republicano y ser opositor al régimen de los Castro.

Así, cuando Joe García, de 50 años, se convirtió en el primer cubano-estadounidense demócrata del estado en ganar una elección a la Cámara de Representantes en 2012, ello representó una fractura en un distrito electoral crucial de los republicanos.

En una ruptura con la comunidad exiliada, García hizo campaña en favor de una disminución de las restricciones a los cubano-estadounidenses que deseen visitar a sus parientes en la isla o enviarles dinero.

Desde que asumió el cargo, ha impulsado que se pruebe en Estados Unidos un tratamiento contra la diabetes desarrollado en Cuba y que se reduzcan las restricciones de viaje a los diplomáticos cubanos que visiten territorio estadounidense.

Y aunque los republicanos de la Florida, incluido el senador Marco Rubio, se enfurecieron porque el presidente Barack Obama estrechó manos el mes pasado con su homólogo cubano Raúl Castro en Sudáfrica, García dijo que se trató de un simple gesto de cortesía.

"A veces un apretón de manos no es más que eso", afirmó.

No hace mucho tiempo, cualquier gesto de cortesía hacia el gobierno socialista de Cuba lo habrían recibido en Florida con un puño cerrado o un coche bomba.

Sin embargo, tres generaciones después de la revolución cubana, García representa a una nueva clase de cubano-estadounidenses, más interesados en el pragmatismo y la reconciliación que en el aislamiento del régimen de la isla y la búsqueda del fin de los Castro.

Ese cambio generacional está en el centro de una reorientación que podría contribuir a un cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba y reconfigurar el panorama político en un estado en el que ningún partido tiene garantizado un apoyo electoral mayoritario.

Las implicaciones son especialmente problemáticas para el Partido Republicano.

"Es muy difícil que los republicanos ganen este estado si no consiguen la mayoría del voto hispano", dijo Darío Moreno, especialista en ciencias políticas por la Universidad Internacional de Florida. "Y para ganar la mayoría del voto hispano, tienen que desempeñarse muy bien en la comunidad cubana".

En 2012, Obama obtuvo casi la mitad de los votos de los cubano-estadounidenses en Florida, un nivel sin precedentes para un demócrata. Desde entonces se ha comprometido a "actualizar" la política estadounidense hacia Cuba, la cual prohíbe incluso los negocios más básicos con la isla.

"Tengan presente que cuando Castro subió al poder yo apenas había nacido", declaró Obama ante simpatizantes durante un acto de recaudación de fondos el año pasado en Miami.

"Así pues, carece de sentido la noción de que de algún modo las mismas políticas que pusimos en vigencia en 1961 de alguna forma seguirán siendo tan eficaces en la era del internet, Google y la disponibilidad de los viajes a escala mundial", agregó.

En la actualidad los cubanos representan aproximadamente una tercera parte de la población hispana en la Florida, la cual crece rápidamente. Durante décadas, los cubano-estadounidenses habían votado una y otra vez a favor de los republicanos, en parte debido a los principios anticomunistas del partido.

Los demócratas, encabezados en 1961 por el presidente John F. Kennedy, habían liderado la fallida invasión de Bahía de Cochinos, cuando 1.500 exiliados cubanos respaldados por la CIA intentaron fallidamente el derrocamiento del naciente régimen de Castro.

En Florida, los conservadores albergaban planes para otra incursión armada y soñaban con regresar a la isla. Sin embargo, esa visión se atenuó después de cinco décadas de estancamiento político.

"Hemos pasado de una política de pasión a una de realismo", dijo Andy Gómez, experto sobre Cuba y ex miembro prominente en el Instituto para Estudios Cubanos y Cubano-Estadounidenses de la Universidad de Miami.

"Hemos llegado a entender, como cualquier grupo inmigrante, que éste es nuestro país", dijo.

Según encuestas, los nuevos inmigrantes y los jóvenes cubano-estadounidenses están más motivados por los asuntos nacionales, como la atención médica, la educación y la economía, que por el fervor anticomunista.

En un estudio del Centro Hispano Pew se concluyó que los cubanos son el grupo hispano con la mayor probabilidad de decir que tienen "sólo un poco" o "casi nada" en común con aquellos que viven en el país natal de sus familias.

"Vivimos aquí, trabajamos aquí", dijo Luis Díaz, empresario de 33 años procedente de Kendall mientras daba un sorbo a su taza de café con leche en La Carreta, una cadena local de restaurantes cubanos.

Su familia huyó de Cuba en las décadas de 1960 y 1970, y sus integrantes son firmemente republicanos, pero él se considera independiente.

"Los demócratas tienen grandes ideas, los republicanos también", apuntó. "Uno tiene que ubicarse más o menos en el medio".

Los republicanos reconocen el cambio generacional entre los cubano-estadounidenses, pero aseguran que los recientes resultados electorales son más el reflejo de campañas deficientes que de una reconfiguración política.

Mitt Romney, dicen, no logró cultivar vínculos con los hispanos, y el representante republicano David Rivera perdió ante García debido a las dificultades derivadas de las pesquisas estatales y federales a las finanzas de River.

"Los triunfos ya no son apabullantes como hace 20 años", reconoció Al Cárdenas, ex jefe del Partido Republicano de Florida y presidente de la Unión Conservadora Estadounidenses. Pero "los demócratas aún no han logrado un enorme avance y convertido a la comunidad cubano-estadounidense en un lugar muy competitivo".

El republicano Rubio, el político cubano-estadounidense más prominente del estado, mantiene los tradicionales puntos de vista radicales sobre el embargo comercial y continúa como una figura popular en Florida.

La campaña de reelección de García de este año podría convertirse en una prueba de la resonancia que han tenido sus puntos de vista divergentes sobre Cuba entre los cubano-estadounidenses.

García, hijo de exiliados cubanos, creció en Miami en una época en la que había escasa tolerancia hacia todo lo que no fueran las críticas más severas contra Fidel Castro y la revolución.

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Michael J. Mishak está en Twitter como https://twitter.com/mjmishak