El alcalde Michael Bloomberg, quien deja el cargo el último día del año, ha estado alardeando que Nueva York es ahora la ciudad más segura de Estados Unidos, pero sus palabras pueden sonar huecas en Brownsville, un barrio de Brooklyn donde hay un ciclo de violencia, silencio y represalias y donde la reducción de la delincuencia está rezagada con respecto a los mínimos récord en el resto de la urbe.

Una ráfaga de disparos en las calles del vecindario a mediados de año caracterizó el ciclo frustrante. Un bebé varón murió de una bala perdida, que lo hirió en la cabeza, mientras estaba sentado en su cochecito. Su padre, quien según la policía era el blanco real, se rehusó a ayudar a las autoridades para identificar al atacante.

Dos hombres fueron arrestados en relación con el tiroteo, que al parecer estuvo relacionado con pandillas. El obispo Willie Billips, un sacerdote que acudió al lugar del ataque esa noche para consolar a la familia, dijo que es probable que se haya encendido la lenta mecha de una posible represalia.

"Para muchos de estos tipos, es una cuestión de tiempo", afirmó. "Estoy esperando ver eso", agregó.

La tasa de homicidios en toda la ciudad declinó más del 20%, a 333 casos, en 2013, un mínimo récord, según las estadísticas del Departamento de Policía de Nueva York. Los asesinatos se han reducido en casi la mitad desde que Bloomberg asumió el cargo.

Sin embargo, en Brownsville, las cifras de homicidios han fluctuado en los 12 años en los que Bloomberg gobernó, con incrementos de 28 en 2004, 2007 y en 2010. Este año, cuando muchas circunscripciones policiales ven típicamente unos cuantos homicidios o ninguno, Brownsville ha registrado 14, dos menos que en 2012 pero ocho más que el barrio vecino de Bedford-Stuyvesant.

En comparación con 2002 --el primer año de Bloomberg como alcalde_, la delincuencia bajó un 30% en 2012. Inclusive hubo un descenso del 25% en el otrora violento South Bronx, pero en Brownsville, solo ha bajado un 9%.

"No hace mucho, estas buenas cifras de seguridad pública habrían sido inimaginables, pero se han vuelto realidad y eso es simplemente extraordinario", destacó Bloomberg la semana pasada.

Una clave del éxito ha sido el evitar la autocomplacencia, afirmó el saliente comisionado de policía Raymond Kelly en una entrevista con The Associated Press.

"La política pública óptima dice que hay que tratar de reducir la delincuencia a cero", dijo Kelly. "Sabemos que eso es imposible, pero aun así tratamos de lograr ese objetivo".

Sin embargo, los líderes comunitarios de Brownsville destacan que un incremento en la presencia policial no ha significado mejores escuelas, ni más empleos ni viviendas mejores o más limpias.

"No se trata solo de un trabajo policial exhaustivo, sino también de un desarrollo económico y de la creación de empleos", destacó Charles Barron, un veterano concejal cuyo distrito comprende ese barrio. "Si se está tan empeñado en combatir la delincuencia, en vez de construir el estadio de los Yanquis, hay que construir algunos centros juveniles, financiar nuestras escuelas y enseñar ciencias y asuntos de importancia cultural, reforzar el amor propio" de los chicos, agregó.

Brownsville, un pequeño barrio de clase obrera en el centro de Brooklyn, habitado mayormente por negros e hispanos, tiene una de las mayores concentraciones de complejos de viviendas públicas.

"Si uno observa la revitalización de Brooklyn en otras áreas, como la construcción del estadio Barclays y la llegada de profesionales jóvenes a Williamsburg, entonces se aprecia un estancamiento en Brownsville", comentó Eugene O'Donnell, catedrático de ciencias políticas de la Escuela John Jay de Justicia Penal de Nueva York.

También depende de los residentes desalentar la cultura callejera que glorifica las armas, dijo Billips, el sacerdote de 51 años que creció en Brownsville y que ahora se especializa en ayudar a los pandilleros. Él le ha dado el mérito a Kelly y a los comandantes policiales de haberse unido al clero y a los dirigentes comunitarios para reducir la delincuencia.

"Las armas simbolizan poder" en esta zona, destacó. "Es como un estatus. Se te conoce como el chico o la chica a quien nadie va a molestar", agregó.

Sin embargo, uno de los peores ejemplos ha sido la pérdida de vidas sin sentido que Billips ha visto, como la muerte a balazos del bebé Antiq Hennis, de un año de edad, mientras estaba sentado en su cochecito.

Billips se quedó estupefacto de que el padre no quisiera tratar de identificar al asesino.

"Si alguien matara a mi bebé, no me importaría que me consideraran un soplón", agregó. "Ese modo de pensar es enfermo".

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La periodista de The Associated Press Jennifer Peltz contribuyó a este despacho.