Se les ha pintado con frecuencia como carteristas y como personas que quitarán empleos a los británicos.

Se dice que pulularán como mendigos, que los más jóvenes y revoltosos causarán desórdenes y que incluso algunos intentarán la venta de bebés.

Durante meses, los periódicos sensacionalistas de Gran Bretaña han advertido reiteradamente sobre los horrores de lo que creen que ocurrirá después del 1 de enero, cuando se levanten en toda la Unión Europea las restricciones laborales a los migrantes procedentes de Rumania y Bulgaria, los países que más recientemente se integraron al bloque comercial.

Esos cambios en la UE, según los periódicos, desencadenarán un enorme éxodo de pobres y desempleados de ambos países de Europa oriental con destino a la Gran Bretaña.

"En enero, lo único que se quedará serán las cabras", aseguró el Daily Mail en un titular en referencia a una remota aldea rumana en la que, a decir del diario, todos los habitantes ya hicieron sus maletas para irse a Gran Bretaña en busca de sueldos más altos y de las generosas prestaciones sociales.

"Estamos importando una marea delincuencial procedente de Rumania y Bulgaria", se dijo en otro titular que citó a un legislador conservador que declaró ante el Parlamento que la mayoría de los carteristas que hay en las calles británicas proceden de Rumania.

Las historias alarmantes sobre la posible afluencia de rumanos y búlgaros, y la apuración del gobierno para restringir aún más las normativas sobre prestaciones sociales, son parte del más reciente capítulo del debate, cada vez más enconado, sobre las políticas británicas de inmigración y la incómoda relación del país con la UE.

Los políticos de derecha británicos han ganado electores con el argumento de que los extranjeros, en particular los europeos orientales, han comenzado a inundar el mercado laboral de Gran Bretaña con mano de obra barata y a explotar el sistema de prestaciones sociales del país.

El Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés) gana simpatizantes al aprovechar el ánimo anti-inmigración a fin de socavar el apoyo de los electores al Partido Conservador que encabeza el primer ministro David Cameron.

En respuesta, Cameron endureció recientemente su discurso sobre la inmigración y actuó con rapidez para que se restrinjan las prestaciones del estado que puedan reclamar los nuevos inmigrantes.

Cameron provocó además el enfado de otros gobernantes de la UE cuando desafió el concepto establecido de que debe existir el libre tránsito de trabajadores en el bloque económico. Dijo que ese punto debe enmendarse para detener las migraciones masivas procedentes de los países más pobres hacia los países más ricos.

"Los políticos lo hacen por razones de popularidad", dijo el padre Silviu Petre Pufulete, sacerdote de la Iglesia Ortodoxa Rumana en Londres. "Es una situación injusta para los rumanos y se ha magnificado desproporcionadamente", agregó.

¿Qué tan grande es exactamente el posible problema?

Rumania y Bulgaria se incorporaron en 2007 a la UE y más de 100.000 emigrantes de ambos países ya trabajan en Gran Bretaña, aunque bajo restricciones laborales que limitan su acceso a empleos y a las prestaciones sociales, como atención médica.

Las restricciones laborales prevén cuotas que limitan el número de rumanos y búlgaros poco calificados que puedan conseguir empleo en Gran Bretaña y los obliga a obtener un "permiso de trabajador" antes de que ocupen la plaza.

Quienes trabajen sin los documentos respectivos y los empleadores que los contraten afrontan multas y hasta juicios.

Estas restricciones, similares a las vigentes en otros países de la UE, serán levantadas el 1 de enero, cuando los rumanos y búlgaros tendrán los mismos derechos que otros nacionales de la UE para vivir y buscar libremente trabajo en cualquier nación del bloque.

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Sylvia Hui está en Twitter como http://Twitter.com/sylviahui