Como todos los domingos por la noche, Robinson Mendes maneja su taxi, en el que transportó recién a un pasajero hasta el aeropuerto paulista de Guarulhos. En el trayecto, da seguimiento por la radio al reporte de la jornada en el fútbol.

Y los resultados le han provocado una mezcla de asombro y alegría maliciosa.

"Fluminense y Vasco descendieron en la misma jornada, ¡es increíble!", relató el taxista de 51 años, respecto de la suerte que habían corrido los dos equipos de Río de Janeiro, rivales tradicionales de los que juegan en Sao Paulo. "El campeonato brasileño nunca había sido tan competitivo; muy difícil para los (clubes) grandes, sobre todo los cariocas, que no tienen recursos ni fuerzas básicas".

Pero cuando se le mencionó que Sao Paulo, el equipo de sus amores, languideció en zona de descenso apenas en octubre, el entusiasmo de Mendes se moderó y su tono de voz se tornó más bajo ante la idea de que el hexacampeón brasileño pudiera perder la categoría por primera ocasión algún día.

"Sao Paulo no puede bajar nunca. Espero que no, pero ahora pasan muchas cosas nuevas", dijo.

Quizás si Sao Paulo desciende, pueda beneficiarse de un recurso similar al que salvó al Fluminense. El 16 de diciembre, ocho días después del partido que lo mandó a segunda división, un tribunal deportivo rescató al club carioca, al deducirle puntos al equipo paulista Portuguesa, condenado a perder la categoría como castigo.

Estratagemas aparte, varios clubes latinoamericanos considerados grandes por su popularidad o sus logros históricos, pasan penurias de todo tipo en estos tiempos.

En México, Chivas y Pumas, dos de los cuatro clubes más populares, están comprometidos en la tabla de promedios que define los descensos. Y en Argentina, si bien San Lorenzo se coronó, mientras que Boca Juniors y River Plate mantienen hasta ahora algo de distancia respecto de los puestos de peligro, Racing tuvo una campaña de espanto, que podría amenazarlo en el futuro cercano.

Independiente los observa por una rendija desde el infierno, tras descender en junio por primera vez en más de 100 años de historia. El conjunto siete veces campeón de la Copa Libertadores tuvo un debut pésimo en la categoría "B'', con apenas siete puntos en ocho partidos, pero un repunte lo ha colocado en el tercer puesto, el último con el que lograría el ansiado retorno en el próximo semestre.

¿Por qué los gigantes se tambalean? Aunque las causas son variadas, tienen denominadores comunes: Malas decisiones directivas; el despido de algún técnico que había obtenido resultados promisorios; la continuidad de algún otro que no daba para más; errores en las contrataciones, y problemas financieros.

El técnico brasileño René Simoes, quien participó en la campaña que marcó el descenso de Vasco y ha trabajado también con Fluminense, considera que, en el caso de esos dos clubes y del otro par de grandes de Río (Flamengo y Botafogo), el problema económico está generalizado, con deudas cuantiosas.

"El Flamengo, por ejemplo, debería haber pasado ya por el mismo problema, puesto que dio prioridad al pago de deuda. Apenas ahora comenzarán a pensar en... la construcción de los centros de entrenamiento", dijo Simoes. "Y ese proceso es difícil. Muchas veces la parte deportiva es la que acaba pagando. Cuando comenzamos la temporada en Vasco, se decía que 2013 sería un año lleno de dificultades"

Lo fue, y el equipo cuatro veces campeón de Brasil perdió la categoría. Para colmo, el partido que sentenció su descenso, el 8 de diciembre, fue una goleada de 5-1 ante Atlético Paranaense, y hubo cuatro heridos en las gradas tras una serie de intensos choques entre hinchas de ambos clubes, en imágenes escalofriantes que dieron la vuelta al mundo y avergonzaron al país que albergará el Mundial en 2014.

En un hecho que enfrentó duras críticas, Vasco trató incluso de aducir que los hechos de violencia ameritaban que se anulara el partido, con lo que ganaría oxígeno. El 16 de diciembre, el tribunal deportivo brasileño rechazó por segunda ocasión los argumentos.

La empresa automotriz Nissan decidió rescindir el contrato de patrocinio que tenía con Vasco, a raíz de los choques en la tribuna.

"Estos actos son incompatibles con los valores y principios apoyados y defendidos por la compañía en todo el mundo", señaló la empresa el mismo día en que el tribunal rechazó la apelación del "Gigante de Colina".

Para el fabricante, los actos de violencia "son incompatibles" con "los valores y principios sustentados por la empresa en todo el mundo".

Seguramente también es incompatible para cualquier auspiciador el derrumbe del prestigio de un coloso que pierde la categoría.

"El glamour y el respeto comienzan a disminuir", dijo el ex astro de Vasco, Romario, respecto al desdén que un equipo descendido enfrentará por parte de anunciantes e incluso de otros futbolistas. "Los jugadores que están allá afuera y que serían repatriados, y otros grandes jugadores que militan en Brasil, a la hora de decidir en cuál equipo jugar, no van a optar por un club grande que está en segunda división. Van a preferir actuar en un club mediano que esté en primera".

Quizás el glamour sí le sirvió al Fluminense para salvar el pellejo en la mesa.

El fallo del tribunal deportivo de Brasil evitó la caída del "Flu". Portuguesa quedó marginado de la máxima categoría por el descuento de puntos que se le aplicó tras utilizar a un jugador suspendido en la última fecha del torneo.

"Esto es absurdo. Si fuese al revés, ¿mandarían a Fluminense a la segunda división?", preguntó el presidente de Portuguesa, Manuel da Lupa. "Es terrible que suceda algo así en el país que dentro de pocos meses albergará la Copa Mundial. Terminamos la liga en 12do lugar, pero tendremos que jugar en la segunda división. Es inmoral".

México no ha sido ajeno a este tipo de soluciones administrativas para salvar a un equipo del descenso. Atlante, que no figura ya entre los equipos más populares pero que sí lo fue durante buena parte del siglo pasado, se salvó en el Verano de 2001. Ya descendido, se vio beneficiado por una expansión de la liga, a 20 equipos, con lo que logró la permanencia tras disputar una promoción fuera de programa.

Apenas este año, Querétaro, que descendió en el Clausura, siguió jugando en primera, tras una enredada serie de adquisiciones de franquicias. ¿Será posible que Pumas o Chivas recurran a soluciones semejantes si el promedio los condena?

Parece improbable que esta respuesta se conozca en 2014. Tanto los universitarios como el "Rebaño Sagrado" conservan todavía una amplia ventaja sobre el Atlante, que parece otra vez condenado al descenso. Pero en años posteriores, el riesgo aumentará si Pumas y Chivas no mejoran.

Lo curioso es que el sistema de promedios para definir el descenso, ideado en Argentina, tenía el objetivo claro de proteger a los clubes grandes, que de esta manera quedaban a salvo de ser relegados por un mal torneo y podían apelar en cambio a un desempeño más regular a lo largo de varios años para permanecer en el máximo circuito.

No siempre ha funcionado así.

En 1981, San Lorenzo fue el primer club grande que perdió la categoría en el país sudamericano. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) decidió poco después resucitar el sistema de promedios que se había empleado fugazmente en la década de 1940 e implementarlo a partir de la campaña de 1983.

Pero justo en esa campaña descendió Racing. Desde entonces, han caído también River (2011) e Independiente (2013).

Sólo queda Boca.

"Boca es una institución seria y es imposible que se vaya al descenso", afirmó en septiembre Juan Carlos Crespi, vicepresidente de la escuadra "Xeneize".

Es lo mismo que opinó el taxista Mendes sobre su querido Sao Paulo. Ahora, dirigentes e hinchas por igual necesitan algo de fe para apoyar a un club grande.