Nicolasa Quintremán, una líder mapuche que luchó contra la generadora Endesa, de capitales europeos, murió al caer a un lago al resbalar por accidente, declaró el miércoles el fiscal a cargo del caso.

"Carabineros (la policía nacional) me informa que a primera vista y en base a la experticia que ellos tienen, el cadáver no presenta lesiones atribuibles a terceras personas", informó el fiscal Carlos Díaz a la radio regional Bío Bío.

"Aparentemente resbaló, cayó al lago y habría fallecido. La causa precisa de la muerte va a ser establecida por la autopsia" del Servicio Médico Legal, añadió el fiscal.

Quintremán, de unos 73 años y casi ciega, había desaparecido el lunes, y el martes su cuerpo apareció flotando en el embalse del lago artificial de Ralco, en el sur.

Nicolasa y su hermana Berta lideraron una campaña contra Endesa, en una época en que la ley medioambiental era muy laxa y tampoco se respetaba cabalmente la Ley Indígena.

Contaron con el apoyo de cientos de familias pehuenches, que poco a poco fueron cediendo a las presiones de la empresa y canjearon sus tierras.

Berta Quintremán declaró a la emisora: "Yo voy a decir las cosas como son. Así como cayó adentro del lago mi hermana, ésta no va a volver nunca".

"Que se retire la empresa, que no quede ninguna cosa allá. Quiero reclamar ese punto, tiene que salir adelante porque mi hermana era harto luchadora, mi hermana ahora me dejó sola", añadió.

Carmen Paine, dirigente de la etnia pehuenche y concejal de la municipalidad, afirmó que "la Endesa, la transnacional, mató el río".

Paine llamó a que la población concurra al funeral de la líder el viernes en un lugar rural llamado Ralco Lepoy, donde ella vivía.

Nicolasa era fiel exponente del espíritu de lucha de los mapuches que primero vencieron a los Incas y después resistieron por más de tres siglos la conquista de los españoles. Posteriormente combatieron a las tropas del ejército del naciente estado chileno en el siglo XIX, que los derrotó en sangrientas batallas.

Hoy los mapuches se estiman en unas 900.000 personas.

Cuando el resto de los pehuenches de su comunidad cedieron ante Endesa y su abogado y un dirigente ambientalista se alejaron, Nicolasa declaró: "Quienes se decían mis amigos...me dejaron sola, porque se perdieron de mi lado".

Finalmente, por presiones diversas, en 2002 Nicolasa aceptó entregar sus 3,8 hectáreas para que fueran inundadas y recibió una indemnización monetaria, no especificada.