Hace seis años, Joseph Martin celebraba su 30mo. cumpleaños con unos amigos en Rio de Janeiro hasta que tuvo un altercado con un policía que estaba fuera de servicio y quien lo mató a tiros.

Ahora su tía, Elizabeth Martin, está haciendo campaña para que los miles de visitantes que vendrán a la ciudad con motivo del Mundial de Fútbol estén conscientes de la violencia que caracteriza a las fuerzas policiales del país.

Dentro de Brasil, la policía desde hace tiempo ha sido notoria por sus nexos con el crimen organizado, sus prácticas represivas, su uso de la tortura y ejecuciones extrajudiciales. Los brasileños rara vez piden ayuda a un policía, y si lo hacen, lo hacen tímidamente.

Elizabeth Martin teme que los extranjeros no saben la realidad sobre la reputación que tiene la policía brasileña y podrían inadvertidamente sufrir la misma suerte que su sobrino. Aunque la violencia policial en Brasil generalmente se dirige contra los pobres y rara vez a los extranjeros, Elizabeth Martin ha lanzado una campaña internacional a fin de generar conciencia sobre el problema, especialmente ahora que se avecina el Mundial de Fútbol del 2014 y las Olimpiadas del 2016.

"Para mí, la brutalidad policial es el secreto escondido de Brasil", dice Martin en una entrevista telefónica desde Massachusetts, donde vive y donde se mantiene en contacto con grupos de derechos humanos y grupos de familiares de víctimas de brutalidad policial.

"La gente que está fuera de Brasil se cree el engaño de que Brasil es un éxito económico con playas hermosas y chicas en bikini , y esa otra faceta es ignorada".

Activistas de derechos humanos y organizaciones internacionales desde hace tiempo han condenado a la policía brasileña por los ajusticiamientos, que suelen ser justificados por los agentes porque "el sospechoso se resistía al arresto".

En el 2009, un reporte de Human Rights Watch estimó que la policía mató a unas 11.000 personas en las dos principales ciudades de Brasil -- Rio y Sao Paulo-- entre el 2003 y el 2009, mucho más que la cifra de heridas no-mortales entre civiles o que las fatalidades policiales en esas mismas regiones. Un reporte de las Naciones Unidas del 2008 atribuyó a la policía "una buena parte" de las 48.000 muertes violentas que ocurrieron el año anterior.

Mientras surgían protestas en Brasil en los meses pasados, la embajada estadounidense emitió comunicados advirtiéndole a sus ciudadanos que eviten acercarse a las manifestaciones debido a la posibilidad de violencia entre policías y manifestantes. El gobierno británico hizo igual.

Las autoridades insisten en que han avanzado mucho en reformar la conducta policial, y lo cierto es que tanto en Rio como en otras ciudades ha disminuido significativamente la tasa de asesinatos y "actos de resistencia" de sospechosos.

Sólo en el estado de Rio, los actos de resistencia disminuyeron de su máximo de 1.330 en el 2007 a 415 el año pasado, según el Instituto de Seguridad Pública, aunque hay quienes opinan que la policía hace desaparecer los restos de algunas de sus víctimas. Ello ocurrió en un caso reciente en que la aparente muerte y tortura de un habitante de una barriada pobre desató protestas.

Roberto Alzir Dias Chaves, subsecretario a cargo de megaeventos en el estado, asegura que ha habido un cambio radical en cuanto a las tácticas policiales y que por ello ha disminuido el número de casos de muertes a manos de policías.

"Las cifras siguen siendo altas, no cabe duda de ello", reconoció Alzir. "Nos encantaría que fueran cifras más bajas, pero tenemos que entender que esto es parte de un proceso. Estos son los primeros pasos, todavía estamos al comienzo de este proceso, pero hemos logrado grandes avances".

Antes, a los policías se les premiaba por usar fuerza letal, pues se les daba bonificaciones en efectivo por cada sospechoso muerto, pero un sistema de cuotas introducido en el 2009 ahora da bonificaciones a las unidades policiales con las cifras de mortalidad más bajas. Hace pocas semanas, el estado de Rio pagó casi 26 millones de dólares en bonificaciones a unidades que tuvieron la mayor disminución de muertes, y otras cifras indicadoras de éxito, en los primeros meses del año.

Joseph Martin quedó envuelto en el drama de la brutalidad policial en Brasil en mayo del 2007, cuando un policía que estaba fuera de servicio, Joao Vicente Oliveira, detuvo a un chico que le había robado la cartera a uno de los amigos de Martin cuando ellos estaban en la calle celebrando el cumpleaños en un popular sitio nocturno de Río.

El estadounidense, que llevaba dos años viviendo en Brasil y se ganaba la vida dando clases de inglés, intervino, pero el chico se escapó. Según testigos, Martin discutía con Oliveira cuando el policía efectuó tres disparos contra el norteamericano.

El oficial dijo luego que había disparado en defensa propia porque Martin había tratado de robarle el revólver, pero la fiscal del caso, Viviane Tavares Henriques, dijo que Martin "nunca trató de arrebatarle el arma al policía ni de amenazarlo de ninguna manera".

Los críticos sostienen que a pesar de los cambios recientes, la cultura de impunidad en la policía brasileña se mantiene intacta.

"La mentalidad de los policías no ha cambiado" sostiene Alexandre Ciconello, especialista en seguridad pública de la filial en Rio de Janeiro de Amnistía Internacional, añadiendo que la disminución en las cifras podrían deberse a que han variado la manera en que las estadísticas son estudiadas.

"Es un sistema que sigue basado en la represión, en la idea de que hay que combatir al enemigo, y las ejecuciones y la tortura siguen siendo parte del modus operandi de la policía", expresó.

Elizabeth Martin coincide en que falta mucho por hacer para eliminar la corrupción y la impunidad en la policía brasileña, y señala que el policía que mató a Joseph fue absuelto en un juicio que duró nueve horas y que, según la familia Martin, estuvo plagado de anomalías. El oficial mismo fue abatido por desconocidos pocos meses después del proceso, según la prensa local.

Desde la muerte de su sobrino, Martin ha estado haciendo campaña para reducir la violencia en Brasil, un país a miles de kilómetros de distancia de donde ella vive. Renunció a su empleo como administradora en la Universidad de Harvard para dedicarse a tiempo completo a su campaña. Ha viajado a Río y ha participado en reuniones, conferencias, marchas y otras manifestaciones con agrupaciones de madres de víctimas, empeñada en que la muerte de su sobrino no será en vano.

Entre las demandas que ella incluye en una petición online que lanzó el mes pasado, está la de darle entrenamiento especial a los policías que estarán de guardia en las 12 ciudades que hospedarán al Mundial de Fútbol, para que usen tácticas no-letales.

"Mi objetivo es crear presión internacional para que hayan cambios reales y duraderos, que otras familias no tengan que sufrir lo que nosotros hemos sufrido", dijo Martin.