En algún momento los vecinos de Abelardo Arteaga veían con buenos ojos el hecho de que él haya apoyado a la Cuba de los hermanos Castro. Cincuenta años atrás, los vecinos de Ybor City y West Tampa bailaron en las calles el primero de enero para festejar el triunfo de la revolución.

Muchas cosas han cambiado desde ese día de 1959. En Cuba se impuso el comunismo. Cayó la Unión Soviética. Fidel Castro le entregó el poder a su hermano Raúl. Once presidentes estadounidenses desfilaron por la Casa Blanca.

Algo que no cambió, no obstante, es el apoyo de Arteaga, un nativo de Tampa, a la isla.

Con sus 91 años, Arteaga es un veterano de las batallas para anular el bloqueo comercial y a los viajes que impuso Estados Unidos. Lo cuestionó desde el primer momento y se peleó con quienes dicen que la revolución generó nuevas formas de opresión para la gente que no está con ella.

Arteaga ha donado alimentos, ropa y medicinas. Compró un autobús y una silla de ruedas para un ancianato en Cuba.

Sus actividades no han pasado inadvertidas por La Habana.

Cuba lo declaró ciudadano honorario en 2007, en un acto llevado a cabo en su Sección de Intereses en Washington DC, en el que se le dio incluso un pasaporte cubano para facilitar los viajes.

Como era de esperar, algunos activistas a favor del embargo no ven con buenos ojos a Arteaga. Lo han insultado e incluso pintaron las paredes de su casa de rojo. El acoso llegó a tal punto que Arteaga se fue de Estados Unidos durante un tiempo y buscó refugio en Cuba.

Asegura, no obstante, que quienes quisieron silenciarlo no lo consiguieron. "No soy una mala persona", comenta. "Solo quiero ayudar a Cuba. Lo hago pacíficamente. Nunca le hice daño a nadie".

"Es mi ídolo", expresó Maura Barrios, del Departamento de Historia de la Universidad del Sur de la Florida y amiga de Arteaga, quien trabajó con él en el envío de ayuda a Cuba. "Ha soportado muchas cosas, pero nunca dejó de pelear por sus convicciones".

Arteaga luce bien para un hombre de su edad, tanto en el plano físico como en el mental. Se mueve con agilidad por la casa y puede hablar por horas sin fatigarse. Se emociona como un niño cuando ve a su esposa, Consuelo.

Su cabello y su delgado bigote lucen blancos y su cuerpo frágil comparado con sus años mozos. Su edad se ve reflejada sobre todo en sus historias.

Sus padres vinieron a Tampa de Cuba durante el nacimiento de la industria tabacalera a fines de la década de 1800. Nació en Tampa en una época en la que las casas con agua corriente ni electricidad eran sólo de los ricos.

La Gran Depresión fue una realidad para él, no es un capítulo en un libro de la escuela. Lo mismo puede decirse de la era de luz de la luna de Tampa. "Mi padre fue arrestado por ella unas cuantas veces", dijo.

El padre de Arteaga también fue parte del grupo original de luchadores por la libertad de Cuba en Tampa.

Thomas Arteaga conoció al famoso poeta cubano y líder revolucionario José Martí durante las visitas de éste a Tampa, escuchó su voz y se inspiró en su mensaje de que los cubanos de todo el mundo necesitaban unirse para derrocar al gobierno colonial de la isla, España.

Arteaga dijo que ha escuchado rumores de que su padre luchó brevemente en la Guerra de Independencia de Cuba, pero no tiene pruebas. Sin embargo, él está seguro de que su padre apoyó la guerra por otros medios. Él donó una parte de sus ingresos semanales como enrollador de cigarros a Martí, al igual que muchos cubanos de Tampa en esos días. También construyó bombas caseras para la guerra.