A juzgar por todas las terribles predicciones, se podría pensar que el 2 de febrero en el estadio MetLife se van a jugar "Los juegos del hambre" y no el Super Bowl.

"El frío o la nieve es una cosa", dijo Phil Dawson, de los 49ers de San Francisco, "pero si se trata de una tormenta de nieve, eso podría estar muy mal... trastornaría todo. No estoy seguro de cómo podría funcionar".

Tenga en cuenta que Dawson es un pateador. Y para ser justos, si consulta a otros cuantos jugadores y dueños de la NFL --que tiene la última palabra sobre los estadios que albergan el Super Bowl-- obtendrá diferentes opiniones acerca de la conveniencia de jugar el partido más importante de la temporada desafiando la fuerza de la naturaleza. Muchos crecieron jugando o viendo el partido de esa manera y todavía lo adoran, mientras que otros simplemente estaban más que dispuestos a escapar del frío y permanecer bajo techo.

Pero jugadores y propietarios están de acuerdo con algo que el liniero de los Colts Cory Redding dijo recientemente acerca de cambiar unas horas de incomodidad en el exterior por la oportunidad del título.

"La nieve, el viento, la lluvia gélida no importan", dijo Redding. "Sólo hacen que el confeti se sienta mucho mejor".

Los tipos que los contratan se sienten igual, a pesar de que todos menos uno o dos de los 32 propietarios serán acomodados en palcos esa noche en lugar de estar abajo en la cancha. Pero otro puñado pondrá más atención de lo normal, y no sólo al juego, sino a la semana que lo precede.

Al igual que los coanfitriones John Mara de los Giants y Woody Johnson de los Jets, esos propietarios tienen franquicias con estadios al aire libre en ciudades de clima frío. Y si este Super Bowl consigue impresionar en Nueva York, entonces el razonamiento es que el gran juego se puede hacer en cualquier lugar: Foxborough, Filadelfia, Washington, Nashville, Chicago, Kansas City o Denver.

Los propietarios en esas ciudades, y en muchas otras, han abordado el tema antes, y sobre todo últimamente, aunque ninguno ha respaldado sus palabras con dinero o recursos, ni lo hará hasta que se inicie el proceso de postulación para el Super Bowl del 2019 a mediados del próximo año.

Después de Nueva York, los próximos tres Super Bowl se jugarán en Glendale, Arizona (2015); Santa Clara, California (2016), y Houston (2017). Los finalistas para el 2018 son Indianápolis, Minneapolis y el perenne favorito Nueva Orleáns, y los tres tienen --o tendrán, en el caso de Minneapolis-- un estadio techado. El ganador se anunciará en mayo.

Para entonces, los propietarios que quieran competir para la edición del 2019 habrán empezado a recaudar efectivo de grupos empresariales y cívicos, y habrán formado comités de candidatura. No es un pequeño compromiso. Después de llevarse la sede del 2014, en una votación celebrada durante las reuniones de propietarios de la NFL en el 2010, el comité anfitrión de Nueva York-Nueva Jersey recaudó 70 millones de dólares para cubrir el costo de organizar el evento. Su cuenta final tendrá que cubrir todo, desde la erección de un enorme tobogán en el distrito comercial Times Square hasta una serie de planes de contingencia para limpiar la nieve y llevar más de 80.000 aficionados al estadio MetLife el día del partido.

Además de conseguir el dinero y un plan de organización, la barra para ingresar en la lotería del Super Bowl no es muy alta.

Una ciudad en puja debe tener 29.000 habitaciones de hotel a una hora en auto del estadio y ser capaz de albergar más de 68.000 aficionados el día del partido. También tiene que proporcionar dos instalaciones para prácticas de una calidad digna de la NFL para los equipos, así como edificios suficientemente grandes como para albergar un centro de medios de comunicación, la "NFL Experience" --básicamente una convención de aficionados de una semana-- y una gama de reuniones empresariales y de patrocinadores.

Incluso las ciudades en las que el campo se desgasta exageradamente durante la temporada pueden presentar una candidatura con buenas posibilidades, ya que el portavoz de la NFL Brian McCarthy dijo que la liga ha hecho arreglos para instalar una nueva superficie de juego para el gran partido en el pasado.

"A fin de cuentas, las consideraciones son las mismas que serían para un juego en un clima cálido o bajo techo", agregó McCarthy. "¿Cómo luce el producto en el campo? ¿La logística funcionó para beneficiar a todos? ¿Cómo fue la experiencia de los aficionados? ¿Cómo se vio en televisión? ¿Cómo atendieron a los patrocinadores?".

"Este es el pináculo de nuestro juego. Es el único escenario que todo el mundo está mirando", agregó el portavoz.

"Todos dicen, '¿Qué pasa si nieva? Pues quitaremos la nieve de la cancha", dijo por su parte el dueño de Denver Pat Bowlen. "Y jugaremos.... El partido por el campeonato se debe jugar en las sedes de la liga. Todo el mundo debería tener la oportunidad de tenerlo".

"Aquí es donde todo empezó. Justo aquí", señaló el propietario de Nueva Inglaterra, Robert Kraft, en referencia a la región donde el fútbol se afianzó en un primer momento en Estados Unidos. "Nos encantaría un día albergarlo aquí si tienen una buena experiencia allá".

"Lo haré, sí", afirmó el dueño de Filadelfia Jeff Lurie sobre postularse en marzo. "Lo haré, si es un éxito. Nueva York nos va a ayudar".

"Si lo hacen en Alaska, si es allí donde quieren jugar el Super Bowl, quiero llevar a mi equipo", dijo por su parte el entrenador Buffalo, Doug Marrone. "Así es como yo lo veo".