Pasada la tarde del jueves no se produjeron incidentes graves en los actos con motivo de un nuevo aniversario de la violencia que desencadenó la renuncia en 2001 del entonces presidente argentino Fernando de la Rúa.

Un caos de tránsito en el centro y en otros puntos de la ciudad como consecuencia de las movilizaciones políticas y también cortes de calles de vecinos que protestan contra cortes de luz fue la nota de la jornada.

Varios miles de manifestantes de la opositora Central de Trabajadores Argentinos y agrupaciones políticas de izquierda marcharon desde el Congreso hacia la Plaza de Mayo, frente a la casa de gobierno, para exigir un salario mínimo básico de 8.000 pesos (1.270 dólares), la reapertura de las negociaciones con las empresas y el gobierno para que se actualicen los salarios a causa de una inflación anual estimada en al menos 26% y un bono de fin de año, entre otras demandas.

Los días 19 y 20 de diciembre de 2001 cerca de 40 personas murieron en Argentina a causa de los disturbios que se produjeron en el marco de una grave crisis económica y social. Los desmanes que se iniciaron el 19 y estuvieron precedidos por saqueos en Buenos Aires y sus alrededores precipitaron al día siguiente la renuncia de De la Rúa.

Horas antes de las protestas, el jefe de Gabinete argentino, Jorge Capitanich, se encomendó a Dios para que el jueves fuera un "día de paz y armonía" al cumplirse un nuevo aniversario de los sucesos de 2001. El funcionario habló en rueda de prensa al responder qué medidas analiza el gobierno para prevenir eventuales revueltas.

Capitanich dijo que cada provincia tiene "la responsabilidad de la seguridad pública" y aseguró que se "han adoptado todos los esfuerzos correspondientes para las medidas preventivas del caso".

Los organizadores también recordaron que se cumplen "12 años de la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001, que marcó una etapa de lucha de los trabajadores por la emancipación" y en homenaje "a los compañeros asesinados en dicha gesta".

Para el viernes están previstas nuevas marchas de grupos de izquierda más radicalizados.

La violenta represión de las protestas sociales de 2001 es repudiada cada año con marchas en las que las agrupaciones sindicales y de izquierda también hacen reivindicaciones laborales.

Días atrás, miles de negocios fueron saqueados en distintas ciudades del país en coincidencia con huelgas de policías en reclamo de aumentos salariales. Los desmanes, que según el gobierno de la presidenta Cristina Fernández fueron instigados por los propios uniformados, estuvieron protagonizados por delincuentes y vecinos que se sumaron al pillaje y causaron al menos 13 muertos y decenas de heridos.

Los agentes lograron aumentos de alrededor de 60% y ello avivó la exigencia de mejores salariales en otros sectores.

"La paz social no puede estar amenazada en virtud del crecimiento económico con equidad e inclusión", señaló Capitanich, quien destacó que Fernández y su fallecido marido y antecesor Néstor Kirchner (2003-2007), lograron que el desempleo disminuyera de 25% en 2001 a 6,6% en 2013, además de un crecimiento económico en promedio superior al 7% anual y la inclusión de amplios sectores sociales que estaban marginados.

Sin embargo, el funcionario advirtió que "no cabe la menor duda de que existen grupos autoritarios que permanentemente están al acecho para crear una afrenta a la paz social". También admitió que "la ampliación de derechos implica tensión... de los que no fueron incluidos para que se los incluya y aquellos quienes preservaron privilegios para que no se los quiten".