El FBI ha contribuido a desbaratar o prevenir casi 150 ataques a tiros y otros hechos de violencia este año, en parte canalizando a atacantes potenciales a profesionales de salud mental.

Ha habido cientos de esos casos desde 2011, afirmó el secretario de justicia Eric Holder en una reunión de jefes de policía en octubre, donde destacó el trabajo poco conocido de una pequeña unidad del FBI con sede en Quantico, Virginia. En la mayoría de los casos, el FBI ha ayudado a atacantes potenciales a acceder a instituciones que atienden la salud mental.

Impedir los ataques masivos por medio de una evaluación de riesgo y tratamiento es una táctica inusual para una agencia notoria por combatir el delito. Ese logro es destacable en momentos en que el presidente Barack Obama ha convertido al control de la violencia con armas de fuego en una prioridad para su gobierno, aunque con muy poco éxito. Un año después de la matanza en una escuela primaria de Connecticut, el mayor esfuerzo de la Casa Blanca por controlar esa violencia, los intentos por reponer la prohibición de las armas ofensivas y expandir la investigación de antecedentes para todas las compras de armas, fallaron por falta del apoyo del Congreso.

Las matanzas a tiros como las ocurridas en Newtown, Connecticut; la instalación de la Armada, y un cine de Aurora, Colorado, no representan la mayoría de los hechos violentos con armas de fuego. Pero cuando ocurren, el impacto es elevado. Y muchas veces se plantea el interrogante de si el atacante ha tenido un tratamiento mental adecuado como para impedir que suceda. Pero en el debate nacional para reducir la violencia con las armas, el tratamiento mental ha recibido mucho menos atención que la prohibición de las armas ofensivas.

La Unidad de Análisis de Comportamiento del FBI ha trabajado durante años con autoridades estatales y locales para trazar el perfil de los posibles agresores con el objeto de prevenir delitos violentos. Los tiroteos y ataques violentos "prevenidos" entre enero y noviembre de este año representan 148 casos que una división de esa unidad, el Centro de Evaluación de Conducta Amenazante, ha logrado durante 2013. Y esa cifra representa un aumento del 33 % respecto del 2012, dijo Andre Simmons, jefe de la unidad, en una entrevista con The Associated Press.

En el último año, esta unidad ha atendido unos tres casos nuevos por semana remitidos por organismos de administración de justicia a nivel federal, estatal y local; escuelas, negocios y templos, dijo Simmons.

El Centro de Evaluación de Conducta Amenazante interviene cuando alguien notifica a la policía, por ejemplo, sobre comportamiento peligroso, y la policía solicita la evaluación del centro.

"La gente allegada a ese sujeto suele temer que se produzca un hecho catastrófico de violencia", dijo Simmons.

En el centro trabajan agentes y analistas del FBI, la Policía del Capitolio; la Agencia de Alcohol, Armas de Fuego, Tabaco y Explosivos, y un siquiatra. Ayuda a las autoridades locales a evaluar la amenaza potencial que representa la persona en cuestión. Después el centro formula una recomendación, que puede ser arresto si la persona está involucrada en una actividad ilegal, aunque en la mayoría de los casos es el acceso a la atención de salud mental, agregó.