Su amistad ayudó a forjar un nuevo país. El jugador de rugby, blanco, y el primer presidente negro de Sudáfrica se convirtieron en el emblema de la reconciliación racial en el país.

El ex capitán de los Springboks Francois Pienaar recordó a Nelson Mandela en una entrevista transmitida por la televisión el domingo, horas después de que el líder de la lucha contra el apartheid fue sepultado en su poblado natal en la provincia de Cabo Oriental.

Sus principales recuerdos de Mandela, dijo Pienaar, incluyen la sonrisa del presidente tras la famosa victoria del equipo sudafricano de rugby en la final de la Copa Mundial de 1995 y la "resonante voz" que distinguía al líder cuando se vieron por primera vez.

"Me hizo sentir muy cómodo, quería saber quién era yo, en realidad se preocupaba por mí como persona", dijo Pienaar.

La emotiva despedida a Mandela alcanzó su punto culminante cuando fue sepultado. En tanto, el apretón de manos entre estos dos hombres tras al triunfo de los Springboks sobre Nueva Zelanda hace casi dos décadas se consagró como la imagen más duradera de la recién descubierta unidad de Sudáfrica.

Ocurrió un año después de que el sistema de segregación racial fue erradicado y se celebraron las primeras elecciones abiertas a todos los grupos étnicos, en las que Mandela fue electo.

"Fue muy bello ver su sonrisa cuando celebró con nosotros después de que tuve el privilegio de levantar la copa", recordó Pienaar en el programa semanal Carte Blanche. "Por primera vez en la muy joven y muy frágil democracia de nuestro país, fuimos campeones mundiales. Todos fuimos ganadores".

Mandela murió el 5 de diciembre a la edad de 95 años y Pienaar había hablado poco desde entonces de los momentos íntimos que compartió con el presidente en un momento definitivo.

Mandela fue unificador de Sudáfrica, el pacificador que llevó al país de estar al borde de la guerra a la cultura incluyente de la "nación del arcoiris". Y esa condición quedó de manifiesto con su decisión de respaldar a los Springboks en 1995. Antes de esa fecha el equipo estaba formado íntegramente por blancos y estaba muy asociado con el régimen racista.

La disposición del activista y ex prisionero político para unir fuerzas con Pienaar, el rubio capitán, descendiente de la minoría blanca que gobernaba el país, mostró a los sudafricanos de todas las razas que debían estar unidos.

La mayor sorpresa que Mandela le dio fue vestir un jersey que Pienaar le había regalado, un hecho que reafirmó su apoyo hacia los Springboks, lo que le acarreó las simpatías de los blancos aficionados al rugby y cambió la actitud de los negros hacia ese deporte que antes consideraban una extensión del apartheid.

"Se abrió la puerta del vestidor y el señor Mandela entró vistiendo el jersey de los Springboks. Sólo dijo: 'buena suerte' y al darse la vuelta vi que tenía mi número", dijo Pienaar. "Estaba tan emocionado que no podía cantar el himno... no podía cantar el himno porque pensé que iba a empezar a llorar".