Una banquete con quinua que hace miles de años preparaban indígenas andinos y cocinada en una olla gigante de barro cerró el sábado el año internacional de ese alimento, llamado el "grano de oro" de los Andes por sus propiedades nutritivas.

La ceremonia celebrada en una plaza de la ciudad de Oruro, a 180 kilómetros al sur de La Paz, reunió en una colorida feria al presidente Evo Morales, al director general de la FAO, José Graciano da Silva, y a centenares de productores quienes exhibieron platos típicos, tortas, pasteles y hasta una cerveza artesanal preparada con quinua.

El plato del día fue la phisara de quinua cuyo origen se remonta a unos cinco mil años según autoridades locales. Mujeres indígenas molieron el grano con piedra como lo hacían sus ancestros, y después de retostarlo mezclaron con carne seca de llama y queso rallado.

La ceremonia fue amenizada con folclore de las regiones productoras del cereal.

A iniciativa de Bolivia, las Naciones Unidades declaró a 2013 año internacional de la quinua para promover ese diminuto grano que crece en el desierto del altiplano y que según la FAO es el alimento de origen vegetal más completo por su contenido ideal de proteínas, minerales y bajo contenido en grasa.

Las Naciones Unidas declaró a la quinua "aliado fuerte" para combatir el hambre en el mundo cuando lanzó la declaratoria a principios de año.

"La quinua está siguiendo el camino que abrieron el maíz y la papa, también de origen andino y que hoy son la base de la alimentación mundial", dijo Da Silva.

Países asiáticos que sufren aguda sequia como Bután, Brunei y Siri Lanka están interesados en experimentar con la quinua que requiere poca agua y tierras poco fértiles, acotó.

Morales agradeció a la FAO haberlo nombrado embajador de la quinua y dijo que ese cultivo está sacando a muchos campesinos de la pobreza.

Bolivia es el principal productor en el mundo del grano que está revolucionando la agricultura tradicional en el altiplano, una de las zonas más pobres de Bolivia.

Las exportaciones alcanzaron el año pasado a 80 millones de dólares mientras la superficie cultivada creció a 60.000 hectáreas.