Horas antes de que el presidente Barack Obama llegara al estadio de fútbol de Johanesburgo para un homenaje al fallecido Nelson Mandela, la Casa Blanca ignoraba algunos detalles importantes. ¿Dónde se sentarían el presidente y la primera dama Michelle Obama? ¿Cuándo debía hablar Obama? ¿Quién estaría en el podio cuando pronunciara su mensaje?

El resultado fue una serie de confusiones y riesgos de seguridad que el Servicio Secreto habitualmente no toleraría en Estados Unidos, lo que pone de manifiesto cómo la agencia suele estar a merced de los gobiernos extranjeros para hacer arreglos cuando el presidente viaja al exterior.

Aunque había detectores metálicos y máquinas de rayos X en el estadio, no fueron utilizados para muchos de los primeros que llegaron a la ceremonia, según reporteros de la Associated Press en el lugar. Mucha gente pasó con poca o ninguna revisión. Dentro del espacioso estadio había pocos indicios de la seguridad estricta que suele acompañar un acto con la presencia del presidente estadounidense y otros líderes mundiales.

La sección de personalidades, donde se instalaron Obama y docenas de dignatarios, incluso los ex presidentes George W. Bush y Bill Clinton, estaba protegida por un cristal bajo que cubría solo a quienes estaban sentados en las primeras filas. Obama y su esposa fueron colocados varias filas atrás. Mucha gente entre el público se instaló frente a donde se sentó Obama, sin seguridad visible en las cercanías.

Y cuando Obama se acercó al estrado para pronunciar su discurso, el intérprete sudafricano del lenguaje de sordomudos, que estaba a su lado, era un esquizofrénico con tendencia a la violencia. El intérprete fue denunciado como un fraude y supuestamente tenía antecedentes criminales.

Funcionarios del Servicio Secreto dijeron que el gobierno sudafricano había sido responsable de colocar al intérprete Thamsanqa Jantjie a centímetros de algunos de los personajes mundiales más importantes durante un servicio de cuatro horas.

"Detalles del programa como ser los participantes en el estrado o los intérpretes para sordomundos fueron responsabilidad del comité organizador", dijo el vocero del Servicio Secreto Edwin Donovan. "Para propósitos del servicio fúnebre, debería incluir la investigación de antecedentes delictivos y otras averiguaciones adecuadas".

Brian Dube, un vocero del ministerio de seguridad estatal, no quiso responder preguntas el sábado sobre qué medidas de seguridad se tomaron para el servicio ni qué tipo de averiguación de antecedentes se efectuó con relación a Jantijie. Dube dijo que esos detalles formaban parte de la investigación sobre la contratación y uso del intérprete falso, y dijo no saber cuándo concluirá la investigación.

Dube habló un día después que el gobierno sudafricano enfrentó una nueva versión sobre Jatijie: al parecer fue acusado de asesinato hace diez años. Las autoridades dijeron que investigaban la revelación formulada por la emisora nacional eNCA TV. Pero no pudieron explicar por qué un hombre que dice ser esquizofrénico con tendencias violentas y que dijo haber empezado a alucinar durante el servicio fue autorizado a estar tan cerca de los líderes mundiales visitantes.

El Servicio Secreto está a cargo de la seguridad del presidente, vicepresidente y de sus familias. Las giras del mandatario, ya sean domésticas o internacionales, son planeadas con gran detalle bajo el control de esa agencia.

Pero cuando sale de Estados Unidos, el Servicio Secreto no siempre tiene el control.

Joe Hagin, quien fue subdirector de gabinete para el ex presidente George W. Bush, dijo que en cierto sentido el Servicio Secreto está en manos del gobierno anfitrión.

"Hay mucha diplomacia involucrada en esos viajes", dijo Hagin, quien ahora trabaja para el grupo de consultoría Command, en Washington. "La Casa Blanca es muy exigente. Pero hay una línea delgada sobre lo que puedes exigir y lo que no".