En los últimos tres años en África las fuerzas francesas derrotaron a las tropas de Muamar Gadafi, ayudaron a derrocar al ex presidente de Costa de Marfil y retiraron a milicianos vinculados con al-Qaida del desierto de Mali.

Ahora en la República Centroafricana el ejército francés enfrenta una misión más compleja y peligrosa: Retirar sus armas automáticas a las milicias en ciudades y pueblos donde los posibles combatientes son difíciles de distinguir de los civiles y hay mucha tensión entre religiones.

Según analistas militares, los franceses tienen que actuar con inteligencia, moverse rápidamente y entregar el mando a las fuerzas de paz africanas tan pronto como sea posible.

Francia tiene ahora unos 1.600 soldados en República Centroafricana, una de sus ex colonias, tras aumentar su presencia militar la semana pasada en respuesta una resolución de la ONU que autorizó el uso de fuerzas extranjeras. Uno de los objetivos inmediatos de la misión, que también incluirá a unos 6.000 efectivos de países africanos vecinos, es desarmar a los combatientes involucrados en los recientes enfrentamientos interreligiosos entre la mayoría cristiana y la minoría musulmana.

Los líderes musulmanes dijeron el miércoles que al menos cuatro hombres han sido asesinados por las fuerzas francesas durante el desarme en los últimos días. Cuestionaron si los franceses también están imponiendo su fuerza sobre los milicianos cristianos, que huyeron al campo tras atacar la capital, para que entreguen sus armas. El desarme dejaría indefensos a los musulmanes en futuros ataques, dicen, mientras que tienen poca fe en que los franceses los protegerían.

Bangui, la capital, continuó bajo tensión el miércoles, pero ante los patrullajes de los franceses algunas familias se aventuraron a enterrar a sus muertos.

El peligro que enfrenta la misión francesa quedó claro esta semana cuando dos soldados franceses murieron durante un patrullaje nocturno en la capital.

El presidente francés Francois Hollande, quien en un principio dijo que la misión duraría seis meses, visitó brevemente a las tropas en Bangui el martes y dijo el miércoles en París que el despliegue francés durará "hasta que la fuerza africana tome el control".

"Lo difícil es que en este país no hay Estado, no hay una autoridad real", dijo el general retirado Jean-Patrick Gaviard, quien fue director de operaciones en el Estado Mayor Francés. "Cuando se hace un desarme la gente suele hablar con las personas a cargo y se trata de ser razonable".

El líder de los rebeldes convertido en presidente Michel Djotodia ha tratado de controlar a los ex integrantes de la milicia Seleka, que lo llevaron al poder hace nueve meses en un golpe de estado que derrocó al presidente cristiano. Pero muchos desobedecieron su orden de permanecer en sus cuarteles y siguen por las calles con sus armas.

En una entrevista del fin de semana Hollande admitió su "temor" de que las milicias se puedan convertir en grupos de guerrilla urbana.

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Keaten y Sylvie Corbet reportaron desde París.