Decenas de jóvenes aguardaban que se disiparan las nubes de tormenta, mientras el viento levantaba remolinos de polvo rojo en una calle desierta de la capital de la República Centroafricana. A través del polvo divisaron a un hombre vestido con la tradicional túnica blanca de los musulmanes, quien iba de la mano con su hijo adolescente.

La vestimenta les bastó para confirmar que era el enemigo. El gobierno de la nación mayoritariamente cristiana fue derrocado por rebeldes musulmanes nueve meses atrás, lo que dio lugar a una ola de enfrentamientos entre religiones. Francia decidió enviar soldados la semana pasada, en medio de señales de que su ex colonia estaría al borde de un genocidio.

Se abalanzaron con furia sobre el hombre. El chico aterrado se alejó velozmente a pie, dejando a su padre en manos de la turba armada con cuchillos.

Le gritaban que había sido general de la Seleka, la alianza de grupos rebeldes musulmanes del norte que derrocó al gobierno y está acusada de perpetrar crímenes atroces contra los cristianos. Turbas furibundas por toda la ciudad acosaban a quienes les parecían musulmanes y sospechosos de formar parte de la Seleka.

La ola más reciente de violencia comenzó el jueves, cuando cristianos armados atacaron la capital y fueron rechazados por los rebeldes. Al menos 400 personas murieron en dos días.

En este caso, los soldados franceses le salvaron la vida al hombre de la túnica blanca. Dispararon al aire a modo de advertencia.

"¡Soy comerciante! ¡Soy comerciante!", gritaba el individuo cuando los franceses se lo llevaban, con la espalda sucia de polvo y la túnica rasgada. Los soldados también protegían a su hijo.

El ministerio de la Defensa francés dijo el lunes que los 1.600 efectivos prometidos ya se encuentran en el terreno. Helicópteros franceses surcaban el cielo y decenas de vehículos militares, incluidos transportes blindados, recorrían los vecindarios donde reinaba la mayor tensión. Las fuerzas francesas fueron atacadas cerca del aeropuerto, pero finalmente aseguraron la zona.

El presidente Michel Djotodia había ordenado que los combatientes que lo llevaron al poder permanecieran en sus cuarteles el lunes, para que las fuerzas francesas y las africanas de una misión regional impusieran el orden en la ciudad.

Sin embargo, reconoció que tenía escaso control sobre los combatientes de la Seleka, miembros de diversos grupos rebeldes del norte. Djotodia disolvió formalmente la alianza, pero los combatientes se consideran el nuevo ejército nacional.

"Uno podría traer a un ángel del cielo a gobernar este país, y aun así habría problemas", dijo el presidente.

A falta de protección policial, algunos ciudadanos trataron de imponer el orden por su cuenta. En una zona cristiana del poblado, un grupo de hombres sentados en taburetes a la sombra de un árbol tuvieron que huir ante un grupo de ciudadanos furiosos que les exigieron que abandonaran la calle.

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Krista Larson está en Twitter como https://twitter.com/klarsonafrica