Funcionarios filipinos firmaron un acuerdo para compartir del poder con el mayor grupo rebelde musulmán y espera rubricar un acuerdo de paz definitivo con los insurgentes el próximo mes para poner fin a una rebelión que comenzó hace varios decenios en la volátil región sur del país.

El acuerdo, que resume los poderes de un gobierno musulmán autónomo en una región que deberá llamarse Bangsamoro, fue firmado el domingo por negociadores del gobierno y el Frente Moro de Liberación Islámica en Malasia, que ha intermediado las negociaciones, dijeron funcionarios el lunes.

El acuerdo es el tercero de cuatro pactos propuestos que deben formar un acuerdo de paz definitivo entre el gobierno y las guerrillas. Los insurgentes han luchado por un gobierno autónomo para la minoría musulmana en el sur de Filipinas, un país predominantemente católico, en una insurgencia que dejado a miles de combatientes y civiles muertos y retrasado el desarrollo en algunas de las zonas más pobres de la nación.

El presidente Benigno Aquino III dijo que el acuerdo que resta se abordará el próximo mes y se espera que sea difícil porque implica que los guerrilleros entreguen sus armas.

"Es un tema complicado para ellos porque si dan este paso, eso significa una manifestación extrema de su confianza en nuestro gobierno y el país", dijo Aquino a los reporteros.

Estados Unidos y otros gobiernos han respaldado las conversaciones de paz con la esperanza de convertir los campos de batalla en comunidades prósperas y centros de desarrollo económico en vez de tierra fértil para extremistas musulmanes provoquen problemas en el país y otras partes.

Sin embargo, por lo menos tres grupos armados más pequeños se oponen a las conversaciones de paz. Los rebeldes moros de un grupo tomaron varios rehenes en septiembre y ocuparon comunidades costeras en la ciudad sureña de Zamboanga en un cruento sitio que lanzaron tras acusar al gobierno de no cumplir los compromisos contraídos en un acuerdo de paz de 1996.

Miles de soldados aplastaron el levantamiento, que duró una semana, con una gran ofensiva que dejó más de 200 muertos, en su mayoría insurgentes.