Un enfrentamiento entre la policía y un grupo armado que dejó diez muertos el miércoles al norte de Nicaragua alimenta las ya antiguas sospechas de que en el país se está formando una guerrilla que aspira a derrocar al gobierno del presidente Daniel Ortega.

Las autoridades nicaragüenses dijeron que el enfrentamiento del miércoles en la comunidad de Ayapal, cerca de la frontera con Honduras, no fue más que un intento de robo de una distribuidora de alimentos.

"Nuestro gobierno siempre lo ha dicho: son delincuentes, la población misma lo manifiesta y ahí están los hechos", dijo la ministra de Gobernación, Ana Isabel Morales.

Pero otros no están de acuerdo con la versión oficial. La más prominente organización de derechos humanos, un obispo católico, una ex aliada de Ortega y un grupo opositor basado en Estados Unidos, que dice tener contacto regular y apoyar a los hombres de las montañas, dijeron que el derramamiento de sangre del miércoles no es producto de la delincuencia común, sino de una actividad insurgente al régimen sandinista.

"No se puede aceptar que haya diez muertos por un intento de asalto en un poblado pequeño, es ilógico", dijo Roberto Petray, director de la Asociación Nacional Pro Derechos Humanos. "Eran 12 elementos del grupo de 'El Flaco' que iban a procurar el control del puesto policial, pero parece que alguien advirtió a la policía y se abrió fuego en la entrada del pueblo".

El obispo de la norteña provincia de Estelí, monseñor Juan Abelardo Mata, al hablar del enfrentamiento del miércoles, mantiene la misma tesis que la Asociación Nacional Pro Derechos Humanos.

"Nosotros lamentamos que se esté dando esa situación, hay rearmados inconformes con el gobierno, lo hemos venido advirtiendo sin que haya oído sensato que preste atención y ahí están los resultados", dijo a la AP.

Según Petray, los armados, de cuya existencia y operaciones se habla desde finales de 2010, se mueven en el territorio que en los años 80 fueron considerados el "corredor de la Contra-revolución" en el norte y centro del país y están distribuidos en pequeños grupos conformados por entre diez y 15 personas.

La posibilidad de que esté formándose un movimiento similar a la 'contra' de los años 80 despierta recuerdos dolorosos en Nicaragua. Muchos aún recuerdan como la insurgencia antisandinista, apoyada por Estados Unidos, luchó contra un gobierno que ya entonces presidía Daniel Ortega.

Tras casi dos décadas fuera del poder, Ortega recuperó la presidencia en 2007.

En las últimas semanas el presidente ha tratado reformar la Constitución para que pueda ser reelegido por tercera vez, en un esfuerzo que alimenta voces críticas que lo consideran un gobernante autoritario y poco democrático.

Los detalles del enfrentamiento del miércoles en esa remota zona son incompletos pero los rumores de movimientos guerrilleros en el país han circulado durante meses. No están claros la motivación de los presuntos guerrilleros: si buscan derrocar al gobierno de Ortega o simplemente quieren forzar cambios.

Petray, que afirma estar bien informado de la actividad de una guerrilla armada, se refiere a un grupo liderado por el ex miembro de la 'contra' Gerardo Gutiérrez, más conocido como "El Flaco".

El 18 de julio, el grupo de Gutiérrez se enfrentó al Ejército en la localidad de Tamalaque cuyo trágico saldo fue el de un soldado muerto, según confirmó entonces el Ejército de Nicaragua.

Los armados de la actualidad se mueven por la zona en grupos de 10 a 15 combatientes, según Petray y han tenido varios líderes.

Ana María Vigil, Presidenta del Movimiento Renovador Sandinista, un grupo escindido del Frente Sandinista de Daniel Ortega en 1995, dijo a The Associated Press que "es un engaño del ejército y de la policía decir que los grupos armados no existen o que no tienen motivación política" y que "los caminos cerrados de la institucionalidad del gobierno de Ortega son los responsables de lo que sucede en el norte del país".

Para Vigil, "son campesinos que sienten que se violan sus derechos y retoman las armas" y entre los armados "personas vinculadas a la 'contra' y antiguos sandinistas".

También advirtió de los riesgos que conlleva la emergencia de grupos armados en la frontera entre Nicaragua y Honduras.

"Se abre ahí una oportunidad para el narcotráfico", dijo. "Si hay campesinos en las montañas que necesitan municiones, armas o víveres, se pueden abrir espacio para corredores de la droga. Si se cierran los espacios democráticos se abren espacios para otros actores".

Enrique Castillo, que se identificó como representante político en Estados Unidos de la Fuerza Democrática Comandante 380, una organización que apoya "a la gente que está levantada en armas en Nicaragua" dijo que el grupo armado "se quería tomar el comando de Ayapal" y que estos enfrentamientos "se están dando en varios lados".

Castillo dijo que ese grupo pertenece a la Unión Resistencia Nicaragüense, organización que junto a la Coordinadora Guerrillera Nicaragüense ha publicitado programas de radio y vídeos en internet reivindicando participación en los enfrentamientos y mostrando grupos de hombres armados en las montañas.

Castillo, que en 1983 se sumó a la 'contra' nicaragüense, en la que combatió durante cinco años y que desde 1994 es ciudadano estadounidense, definió lo sucedido como "brotes que se dan espontáneos" debido a que los campesinos "están cansados del acoso y la represión del ejercito orteguista" así como de "las persecuciones, los secuestros, asesinatos que cometen amparados en la impunidad que (las Fuerzas Armadas) tienen por pertenecer al gobierno".

El antiguo 'contra' se negó a ofrecer detalles de cómo hacen llegar la ayuda humanitaria a Nicaragua. Sólo dijo que es "tanto asistencia monetaria como víveres" e indicó que aunque el grupo con base en los Estados Unidos se creó hace un año, "hace muchos años trabajamos con esta gente".

Grupos como los liderados por los rebeldes José Garmendia, alias "Yajob" y Santo Joyas, alias "Pablo Negro", se alzaron contra el gobierno de Daniel Ortega después de que en 2008 se denunciara fraude electoral en los comicios municipales.

Los dos llamaban a medios de comunicación locales para explicar sus posturas relacionadas con la falta de respeto a las leyes, la instauración de una supuesta dictadura, la falta de entrega de cédulas de identidad a ciudadanos que se oponen al gobierno y falta de transparencia en los procesos electorales.

Ambos murieron en las montañas en circunstancias extrañas. Las autoridades policiales y del Ejército nunca han asumido que murieron como producto de sus operativos.

En octubre, Marvin Figueroa, que se hace llamar "Comandante Nicaragua", que participaría de los mismos grupos armados y según la policía hondureña estaría vinculado con el tráfico de drogas, fue detenido en la frontera de Honduras.