Quien llega a Brasil se encuentra con un país que parece estar en plena construcción: aeropuertos llenos de obreros que construyen nuevas pistas y terminales, carreteras en ampliación para incorporar corredores especiales para autobuses y excavaciones nuevas líneas de metro que agilizarán la movilidad en ciudades colmadas de vehículos.

El gigante suramericano está en una carrera contra el tiempo para mostrar su mejor cara en 2014 durante el máximo torneo futbolístico del mundo, con la expectativa de tener a 600.000 visitantes extranjeros durante el mes de la copa. Eso sin mencionar los 3 millones de brasileños que viajarán entre las 12 ciudades que servirán de sede del Mundial de 2014, según cálculos del Ministerio de Turismo.

Las obras de infraestructura pretenden actualizar las condiciones de un país en el que, según cálculos oficiales, 36 millones de personas abandonaron la pobreza en la última década y se incorporaron a la clase media, creando una nueva demanda de servicios de todo tipo. La pregunta que persiste es si tales obras estarán a tiempo para el Mundial.

Guilherme Ramalho, secretario de Aviación Civil, está confiado en que los aeropuertos sí cumplirán los plazos para atender la explosión de demanda prevista para julio, mes del torneo futbolístico.

"No hay ningún riesgo de falta de capacidad en nuestros aeropuertos durante el Mundial", aseguró Ramalho el jueves en una conferencia de prensa.

Admitió que la ampliación de las terminales era una necesidad incluso sin Mundial, después de que la demanda de vuelos en el país se triplicó entre 2003 y 2012. Y se espera que se triplique nuevamente en los próximos 15 años.

El país está invirtiendo 2.282 millones de dólares al cambio actual en 26 obras de modernización de los 15 aeropuertos directamente vinculados a las ciudades mundialistas y según Ramalho, algunos de esos proyectos están concluidos y otros estarán listos a comienzos de 2014.

Menos optimistas son las previsiones para obras de movilidad en las ciudades brasileñas, que en condiciones normales sufren con graves problemas de transporte por carreteras saturadas de vehículos y transporte público precario.

"Imagine en el Mundial". Ese es el comentario que hacen los brasileños cuando están parados en el tráfico que no avanza o esperan horas a que pase el autobús.

Los estadios son el menor de los problemas. Atrasos en los estadios de Curitiba, Cuiabá y Sao Paulo parecen poca cosa comparado con la situación de la movilidad urbana.

La capital Brasilia, que pese a su planificación ya sufre con saturación vial, tiró la toalla con uno de sus proyectos centrales de movilidad: un tranvía que iba a atravesar la ciudad desde el aeropuerto, con acceso al Estadio Nacional Mané Garrincha, mientras que la duplicación de la carretera que da acceso al aeropuerto está con serios atrasos.

En la ciudad amazónica de Manaus, un centro urbano saturado de carros en el corazón del bosque húmedo, el gobierno local desistió de tener a tiempo su proyecto de monorriel que iba a permitir un transporte alternativo entre el aeropuerto y los puntos principales de la ciudad, incluido el estadio Arena da Amazonia.

Sao Paulo, con sus legendarios atascos que alcanzan diariamente más de 100 kilómetros, también desistió de un proyecto de monorriel para el Mundial, mientras su limitada red de metro crece a pasos de tortuga. Sao Paulo será sede del partido inaugural del torneo.

Atrasos similares aparecen en obras en otras ciudades, donde gobiernos locales intentan ampliar carreteras, construir corredores exclusivos para autobuses o extender líneas de metro para facilitar la vida de sus habitantes y el acceso de los turistas a los estadios.

En compensación, el país parece estar en condiciones de dar un salto cualitativo con su limitada red de internet, una de las demandas principales para los organizadores del Mundial.

Según Genildo Lins, secretario executivo del Ministerio de Comunicaciones, el territorio brasileño con sus dimensiones continentales tendrá una cobertura de 70% hasta fines de 2014 gracias al trabajo redoblado hecho para atender la Copa del Mundo.

"Calculábamos que para distribuir toda esa red de fibras por Brasil demoraría de cinco a 10 años, pero nosotros demoramos tres. El mundial nos permitió adelantar eso", dijo Lins a periodistas sobre los 16.000 kilómetros de fibra instalados a un costo de 50 millones de dólares.