La crisis política en la que ha estado sumida la capital de Tailandia durante más de una semana cedió repentinamente el martes cuando la primera ministra ordenó dejar de reprimir a los manifestantes que se oponen al gobierno.

La medida coincidió con los festejos por el cumpleaños del rey, una fiesta de gran importancia en esta nación del sudeste asiático.

En un cambio brusco de estrategia luego de dos días de intensos combates callejeros, la policía antimotines se retiró de las vallas fortificadas en torno a la oficina de la primera ministra Yingluck Shinawatra en la Casa de Gobierno.

Poco después, miles de manifestantes jubilosos entraron al jardín de la casa de gobierno, haciendo ondear la bandera roja, blanca y azul de Tailandia, tomándose fotos con teléfonos celulares y gritando "¡La victoria es del pueblo!" Yingluck no se encontraba en el lugar.

La decisión del gobierno fue interpretada como una salida decorosa para los manifestantes, en tanto el gobierno expresó la esperanza de que ayude a apaciguar un conflicto que en tres días dejó cuatro muertos y más de 250 heridos.

Con todo, el líder de los manifestantes, Suthep Thaugsuban, aseguró que continuará la lucha para derrocar a Yingluck e impedir que su hermano, el ex primer ministro Thaksin Shinawatra, regrese al poder.

Thaksin fue derrocado por un golpe de estado militar en 2006, y los opositores acusan a Yingluck de ser su títere.

"Tengan la seguridad de que esta victoria es parcial... porque el gobierno déspota de Thaksin perdura", dijo Suthep. "Debemos seguir luchando".

Las protestas que agitaron Bangkok durante semanas forman parte de un profundo cisma social que aqueja al país desde hace una década. Las partes en conflicto son los campesinos pobres, mayoría en el país, que respaldan a la familia Shinawatra, y una elite urbana que cuenta con apoyo del ejército y los monárquicos, quienes ven en Thaksin y los gobiernos aliados que lo han sucedido una amenaza a sus intereses empresarios y la monarquía.

Luego de tomar varios ministerios la semana pasada y destrozar las vallas con aplanadoras y camiones sustraídos a la policía en luchas callejeras, los manifestantes rechazaron todas las ofertas de negociar.

En cambio, exigieron la entrega del poder a un consejo no elegido que designara a un nuevo premier, algo que Yingluck rechazó de plano.

Para muchos observadores y académicos, los reclamos de los manifestantes son irracionales o directamente absurdos. El partido Pheu Thai de Yingluck fue elegido por abrumadora mayoría en 2011 y por el momento es imbatible en los comicios.