Postura de EEUU sobre Egipto podría ser riesgosa

Durante décadas se advirtió a los ejércitos extranjeros que recibían ayuda de Estados Unidos que derrocar a sus líderes elegidos libremente significaría una suspensión de dicho apoyo.

Sin embargo, después de lo ocurrido en Egipto, al parecer esa regla ya no se aplica, a pesar de que existe una ley que requiere justo eso si Washington determinara que hubo un golpe de Estado en el país del norte de África.

El gobierno estadounidense hizo una maniobra técnicamente legal al elegir no decidir si el derrocamiento militar del primer presidente egipcio elegido democráticamente fue o no un golpe de Estado.

Eso ha creado una amplia ventana para evadir la legislación destinada a apoyar el estado de derecho, el buen gobierno y los derechos humanos en todo el mundo, principios que durante mucho tiempo han sido considerados valores estadounidenses inviolables.

Gobiernos anteriores de Estados Unidos fueron criticados por aparentemente sólo hablar de esos valores de dientes para afuera. Sin embargo, este nuevo hallazgo legal sin precedentes envía un mensaje confuso que probablemente resonará más allá de Egipto en otras democracias frágiles --y quizá no tan frágiles-- en las que el ejército esté descontento con los resultados de las elecciones o las políticas de sus gobernantes.

"La ley no requiere que tomemos una determinación formal... en cuanto a si hubo o no un golpe de Estado, y no es de nuestro interés nacional tomar esa decisión", dijo el viernes el portavoz del Departamento de Estado, Jen Psaki, sobre Egipto.

Esta interpretación de la Ley de Ayuda al Extranjero de 1961 podría ser una sorpresa para juntas militares y fuerzas armadas de Mali, Madagascar, Honduras y Pakistán. Todos ellos, y otros, han encarado suspensiones de ayuda de Estados Unidos en la última década debido a golpes de Estado. En cada caso, existía la presunción de que Washington determinaría si hubo golpe o no con base en la ley, y lo hizo.

La ley permite reanudar la ayuda sólo una vez que se restablece el gobierno elegido democráticamente. Se han hecho excepciones en el pasado, sobre todo en el caso de Pakistán.

La ayuda a Pakistán fue suspendida en 1999 cuando el jefe del ejército Pervez Musharraf derrocó al entonces primer ministro Nawaz Sharif, ahora de vuelta en el poder, en un incruento golpe de Estado. La asistencia fue restaurada por una ley del Congreso en 2001 por razones de seguridad nacional antes de que volviera la democracia tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Psaki no aclaró por qué el gobierno optó por una solución de este tipo en el caso de Egipto, claramente un aliado vital de Washington en Oriente Medio.

Sin embargo, esa solución habría requerido una determinación de que el ejército egipcio depuso al presidente Mohamed Morsi en un golpe de Estado, y ese paso habría provocado una suspensión en la ayuda de 1.500 millones de dólares que Estados Unidos proporciona al país cada año. De esa cantidad, 1.300 millones de dólares se destinan al ejército.

Por el contrario, una determinación de que no hubo un golpe de Estado habría contradicho los hechos indiscutibles de que el ejército removió a Morsi del poder y lo tiene incomunicado en un lugar secreto desde hace semanas.

Prácticamente nadie en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Pentágono disputa que la situación en Egipto es compleja y difícil.

Sin embargo, la decisión del gobierno estadounidense de aplicar selectivamente el precepto que había sido un sello distintivo de su apoyo a la democracia parecería plantear dudas acerca de su compromiso con ese ideal en todo el mundo.

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NOTA DEL EDITOR - Matthew Lee cubre el Departamento de Estado y la política exterior de Estados Unidos para The Associated Press.

An AP News Analysis