Papa quiere que jóvenes sean atletas de Cristo

El papa Francisco llamó el sábado desde Brasil, país que se prepara para ser sede de la Copa del Mundo en el 2014 y de los Juegos Olímpicos en el 2016, a que los jóvenes sean los atletas de Cristo y jueguen en su mismo equipo, que sean misionarios y construyan la Iglesia con Jesús.

Al hablar desde una tarima en la playa de Copacabana, el pontífice usó metáforas para explicar a los jóvenes qué significa ser misionarios de la Iglesia, y para ello usó tres imágenes: la de un campo donde se siembran semillas que crecen en buena tierra, o uno de entrenamiento deportivo donde se practica para estar "en buena forma" y enfrentar sin miedo las situaciones de la vida, o una cantera de la que se extraen las piedras para hacer una edificación.

Según el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, por lo menos unos dos millones de personas se congregaron en Copacabana. El alcalde de Río, Eduardo Paes, dijo que el número de fieles podría llegar a los tres millones.

Las informaciones más recientes de los diarios O Globo y O Estado de S. Paulo reportan que hay tres millones de personas, pero la alcaldía no ha confirmado el número.

"No se olviden", dijo Francisco a la multitud apiñada tanto a lo largo de la avenida que bordea la playa como sobre la misma arena. "Ustedes son el campo de fe. Ustedes son los atletas de Cristo. Ustedes son los constructores de una Iglesia bella y de un mundo mejor", añadió el santo padre al hablar en la vigilia, el penúltimo acto de la Jornada Mundial de la Juventud, que cierra el domingo.

"Jesús nos ofrece algo más grande que la Copa del Mundo", dijo Francisco, nacido en Argentina, fanático del fútbol, hincha del equipo San Lorenzo de su país y miembro del club desde 2008.

En la tierra del "rey Pelé la broma papal pudo haber sido recibida con desagrado y más cuando la pronuncia alguien de Argentina, el archirrival de Brasil en el fútbol. Pero la multitud agolpada en Copacabana la recibió entre aplausos y vivas.

Jesús ofrece "un futuro con él que no tendrá fin allá en la vida eterna", añadió el pontífice ante la multitud, mayoritariamente de Brasil, un país que no sólo cuenta con la mayor cantidad de católicos del mundo, sino también el único que ha ganado cinco veces la Copa Mundial de Fútbol.

"A la mayoría de ustedes les gusta el deporte. Aquí en Brasil, como en otros países, el fútbol es una pasión nacional. Ahora bien, ¿qué hace un jugador cuando es convocado para jugar en su equipo? ¡Tiene que entrenarse y entrenarse mucho! También es así nuestra vida de discípulos", destacó Francisco.

Douglas Junior Segatini, un enfermero de 35 años del estado de Sao Paulo y fanático del equipo de Santos, dijo en Copacabana que la religión es mucho mejor que el fútbol.

"Para disfrutar el fútbol, tienes que tener cerveza, mujeres bonitas y quizá drogas. "¿Cuántas latas de cervezas ves por aquí?", preguntó Segatini, señalando las aceras a su alrededor llenas de peregrinos comiendo papas fritas y galletas. "Ninguna, y eso es porque Cristo es mejor que cualquier alcohol, mejor que cualquier droga, mejor que cualquier partido" de fútbol, aseguró.

El papa exhortó a los jóvenes a que "no se metan en la cola de la historia, sean protagonistas, pateen para adelante... construyan un mundo mejor... juéguenla adelante siempre".

"Sigo las noticias del mundo y veo que tantos jóvenes en muchas partes del mundo han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraternal, los jóvenes en la calle, son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio", señaló.

Previo a la llegada del papa a la tarima y en medio de un espectáculo de canto y baile juvenil que se extenderá toda la noche en una vigilia, un grupo de obispos colocado en la parte de atrás del escenario aplaudieron y elevaron los brazos al son de la música, mientras otro se atrevió a más y se colocó en medio de los jóvenes bailarines y trató de seguir la sencilla coreografía de pasos adelante y atrás.

En su ya tradicional recorrido por el malecón de Copacabana, Francisco uso el sábado un abrigo blanco y paró en diversas ocasiones para bendecir y besar niños, que sus escoltas le llevaron en brazos*, entre los gritos de los peregrinos de "esta es la juventud del papa".

En una parte del trayecto de 4,1 kilómetros, bajó del vehículo y se acercó a una persona en silla de ruedas y la bendijo. Le dio uno de los rosarios, que los escoltas llevan para que el papa los entregue a algunos fieles. Lo hizo en dos ocasiones.

Con una sonrisa recibió flores, camisetas y banderas que los fieles le pasaron a través de los escoltas, entre ellos un sombrero de mariachi, que por un momento se lo colocó en la cabeza para luego entregarlo a unos de sus asistentes. En el auto abierto le acompañan su secretario personal Alfred Xuereb y el obispo de Río de Janeiro, Orani Tempesta.

Francisco entró en calor y unas cuadras antes de llegar a la tarima donde dirigiría su discurso se quitó el abrigo.

Fiorella Dias, brasileña de 16 años, daba saltos de alegría cuando vio el video que grabó cuando el papa llego a Copacabana para la vigilia. "Estoy temblando, mire que bien se ve. Tengo que llamar a mi mamá", dijo la joven con su mochila cargada para pasar la noche en la playa.

En un mensaje enérgico y de tono autocrítico, el papa Francisco reconoció el sábado en actividades con obispos y religiosos que la iglesia ha perdido fieles porque no ha sabido ofrecer respuestas para el mundo moderno, por lo que pidió a los obispos formar ministros "capaces de enardecer el corazón de la gente".

"Muchos se han ido porque se les ha prometido algo más alto, algo más fuerte, algo más veloz", dijo Francisco según el texto preparado de su discurso, en un acto que no fue transmitido al público ni por radio ni televisión porque el pontífice deseaba una reunión en un clima más familiar, de acuerdo con el Vaticano.

"A veces perdemos a quienes no nos entienden porque hemos olvidado la sencillez, importando de fuera también una racionalidad ajena a nuestra gente. Sin la gramática de la simplicidad, la iglesia se ve privada de las condiciones que hacen posible 'pescar' a Dios en las aguas profundas de su misterio", expresó el santo padre ante unos 300 de los 400 obispos que tiene Brasil, indicó el Vaticano.

Fue un discurso claro y firme, el más largo del Pontífice desde que llegó a Brasil el 22 de julio para participar de la Jornada Mundial de la Juventud, hasta el próximo 29 de julio y el más largo del pontificado que inició en marzo.

Un mensaje similar pronunciará Francisco cuando el domingo se reúna con delegados de Conferencia Episcopal Latinoamericana, dijo Lombardi.

El papa "desea tomar la ocasión de hablar a los obispos de Brasil y hablar a los obispos de América Latina... (y dar) la orientación", explicó.

La estancia del pontífice en Brasil ha sido marcada por el fervor religioso, emoción y escenas coloridas y musicales. De fondo: el mensaje papal a la Iglesia y a los jóvenes de salir a las calles para recuperar valores y evangelizar.

En una fiesta llena de música, de risas de niños y de indios con vestimentas coloridas, el papa se puso un tocado indígena de plumas, recibió flores de bailarinas y llamó a representantes de la sociedad civil al diálogo entre todos los sectores para enfrentar las diferencias.

Y ese pedido de diálogo se extiende a la propia Iglesia.

Para el papa, la iglesia tiene que perder el miedo de acercarse a esos fieles que se han alejado en busca de otras opciones, tras reconocer que "tal vez el mundo parece haber convertido a la iglesia en una reliquia del pasado".

"Hace falta una iglesia que no tenga miedo a entrar en su noche. Necesitamos una iglesia capaz de encontrarse en su camino. Necesitamos una iglesia que sepa dialogar con aquellos discípulos que, huyendo de Jerusalén, vagan sin una meta, solos, con su propio desencanto, con la decepción de un cristianismo considerado estéril", dijo Francisco a los obispos.

El mensaje fue un enérgico llamado para que los líderes eclesiales formen religiosos capaces de entusiasmar a los fieles con una iglesia que tal vez "se ha mostrado demasiado débil, demasiado lejana de sus necesidades, demasiado pobre para responder a sus inquietudes".

"Si no formamos ministros capaces de enardecer el corazón de la gente, de caminar con ellos en la noche, de entrar en diálogo con sus ilusiones y desilusiones, de recomponer su fragmentación, ¿qué podemos esperar para el camino presente y futuro?", preguntó Francisco.

Ello implica también hablar a los fieles en un lenguaje comprensible.

Poco antes, durante un encuentro con representantes de la sociedad civil los exhortó a dialogar.

"Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, universitaria, juvenil, la cultura artística y tecnológica, la cultura económica, de la familia y los medios de comunicación", dijo Francisco.

"Diálogo, diálogo, diálogo", repitió.

Al concluir el discurso recibió el saludo de representantes de la sociedad civil: los niños le entregaron flores y lo cobijaron en un abrazo todos juntos. Luego tres indígenas se acercaron y Francisco impidió que se arrodillaran frente a él: los tomó del brazo y estando de pie los abrazó y les hizo la señal de la cruz en la frente.

Uno de ellos, el indio pataxó Ubirai Matos, de 26 años y procedente de Bahía se quitó su tocado de plumas blancas y negras y se lo puso al pontífice, quien se volteó para mostrarlo a los participantes, que lo ovacionaron de pie.

Así como el jueves llamó a los jóvenes a escuchar a los viejos, el sábado llamó a los obispos a escuchar a los jóvenes. "Sepamos perder el tiempo con ellos... No podemos permanecer encerrados en la parroquia, en nuestras comunidades, cuando hay tanta gente esperando el evangelio", señaló.

Desde su elección como jefe del catolicismo mundial, en marzo, el argentino Jorge Mario Bergoglio insiste en que la iglesia tiene que salir a encontrarse con las personas.

El jueves, en un encuentro con peregrinos de su país, Francisco pidió a los jóvenes "hacer lío", una expresión coloquial que utilizó para pedirle a los fieles sacudir a la iglesia y llevarla a las calles.

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Los corresponsales Nicole Winfield, Bradley Brooks y Jenny Barchfield colaboraron con este despacho