Argentina: fuga de represores condenados

El gobierno argentino relevó de sus funciones y dispuso el pase a retiro el viernes de dos generales y cuatro coroneles del Ejército que se desempeñaban en el área de salud de esa fuerza tras la fuga de dos ex militares condenados por crímenes de lesa humanidad desde un hospital de esta capital, al que habían sido enviados para recibir atención médica.

Los represores fugados fueron identificados como Gustavo Ramón De Marchi y Jorge Antonio Olivera, quienes se encontraban alojados en el penal de la provincia de San Juan, a 1.265 kilómetros al oeste de Buenos Aires. El primero cumplía una pena de 25 años de prisión, mientras Olivera había sido condenado a cadena perpetua por su accionar en la represión ilegal de disidentes durante la última dictadura militar (1976-1983).

Ambos detenidos habían sido trasladados el jueves al Hospital Militar Central de Buenos Aires por personal de Seguridad y Traslados del Servicio Penitenciario Federal para cumplir con tratamientos médicos previamente autorizados por la justicia. Según un comunicado del ministerio de Justicia, De Marchi y Olivera "fueron entregados al personal del hospital, en la sala de atención que ese nosocomio dispone en el tercer piso para detenidos por delitos de lesa humanidad". Desde ese momento, se desconoce el paradero de ambos.

La fuga de los ex militares generó profundo malestar en el gobierno de Cristina Fernández, que no sólo relevó de sus puestos a militares de alto grado vinculados al área de salud sino que aumentó en cuestión de horas de 100.000 pesos (18.250 dólares) a 2 millones de pesos (365.000 dólares) la recompensa por la captura de los prófugos.

El ministro de Defensa, Agustín Rossi, pasó a retiro al general brigadier Marcelo Gutiérrez, director general de salud del Ejército; al General Juan Carlos Adjigogovic, director general del Hospital Militar; y a cuatro coroneles y un suboficial que tenían a su cargo distintas dependencias del mencionado nosocomio, informó en un comunicado la cartera de Defensa.

Rossi, además, prohibió el alojamiento y la atención ambulatoria en hospitales militares de procesados detenidos o condenados.

Más temprano, el Servicio Penitenciario Federal ordenó el pase a disponibilidad (suspensión) de oficiales y agentes penitenciarios responsables de la División Traslados y Seguridad y también inició un sumario administrativo. A su vez, el gobierno presentó una denuncia penal ante la justicia federal "para que se investigue en profundidad la fuga de los detenidos".

Algunos aspectos relacionados con el traslado de los detenidos llamaron la atención de los funcionarios.

"Los detenidos presentaban una patología que por sus características podrían haber sido asistidos en el lugar donde se encontraban detenidos ya que no existía riesgo de vida. No obstante ello, esta institución dio acabado cumplimiento a la manda judicial, la que se presenta como injustificada, de dudosa fundamentación y carente de racionalidad", expresó el ministro de Justicia, Julio Alak.

Alak también pidió se investigue al personal del Hospital Militar "ya que el mismo no colabora operativamente ni en la adopción de recaudos de seguridad...no es posible descartar que personal del mencionado hospital haya incluso prestado colaboración, toda vez que un familiar de Olivera cumple funciones en el referido".

El ministerio de Defensa confirmó en un comunicado que el familiar en cuestión es la psicóloga Marta Noemí Ravasi de Olivera, esposa de uno de los prófugos y que trabajaba en el hospital Militar.

Ambos condenados ya habían estado prófugos de la justicia, antes de su condena.