Argentina llora a León Ferrari, artista provocador

Profundo dolor causó en Argentina la muerte del artista plástico León Ferrari, quien dedicó gran parte de su vida a la militancia por los derechos humanos y sufrió la censura de dictadores militares y la Iglesia católica.

Ferrari, cuyas obras transgresoras lo convirtieron en uno de los artistas argentinos más destacados de la segunda mitad del siglo XX, falleció en la víspera en Buenos Aires. Tenía 92 años.

Su funeral y entierro se realizaban el viernes en la Chacarita, el cementerio histórico de la capital.

Una de sus obras más famosas y provocadoras, "La civilización occidental y cristiana", de 1965, muestra a Cristo crucificado sobre las alas de un avión militar estadounidense de los usados en la guerra de Vietnam. En otros, puso figuras de la Virgen en licuadoras y estatuillas de santos en mamaderas, criticando la manera en que, según él, muchos están alimentados de religión.

Una retrospectiva de su obra en Buenos Aires, en 2004, provocó la furia de la Iglesia. El entonces arzobispo de la capital argentina, Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco, la calificó de "blasfema". Ferrari respondió con una potente crítica a la Iglesia por los "delitos que cometió en la Argentina y en otras partes". Según recuerda el diario La Nación, en marzo pasado dijo que la elección de Bergoglio como papa le parecía "un horror".

Ferrari fue por muchos años un artista de gran prestigio en Argentina y Brasil, y en la última década de su vida ganó reconocimiento mundial.

Ganó una beca Guggenheim en 1995, y en 2007 recibió el León de Oro en la 52 Bienal de Arte de Venecia por la obra "La civilización occidental y cristiana". Expuso en el Museo de Arte Carrillo Gil, en México, y el Museo de Arte Moderno (MoMA) en Nueva York montó una retrospectiva de su obra en 2009.

Sus piezas e instalaciones permanecen en muchas de las grandes capitales del mundo.

Figuras destacadas de diversos ámbitos de la sociedad argentina expresaron elogios el viernes por la manera en que Ferrari mezcló la política y la poética, la ética y la estética, así como un gran sentido del humor.

"León Ferrari no partió, va a seguir con nosotros", dijo Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, recordando a su gran amigo en una entrevista con Pagina12. "Deja tanto que felizmente jamás será olvidado".

De hecho, la obra de Ferrari es enorme. A través de casi seis décadas, produjo un flujo constante de arte en casi todas sus formas.

Nacido en Buenos Aires el 3 de septiembre de 1920, Ferrari estudió ingeniería, pero se dedicó al arte, desarrollando obras de cerámica en Italia.

En 1946 se casó con Alicia Barros Castro, y tuvieron tres hijos: Marialí, Pablo y Ariel.

Con el tiempo sus obras desafiantes acompañaron muchas luchas contra injusticias, ilustrando carteles y libros. No sólo uso sus lápices, pinceles e ingeniería artística, sino también arriesgó su cuerpo en momentos muy delicados.

En 1975, en la víspera del golpe de Estado que inauguró una dictadura cruel, Ferrari formó parte del Foro por los Derechos Humanos y del Movimiento contra la Represión y la Tortura.

Se exilió en Brasil un año después, pero no pudo salvar a su hijo Ariel, quien desapareció en 1977, uno de los miles de secuestrados por el estado militar. Desde 1991 residió en Buenos Aires, haciendo arte de todo tipo, pero frecuentemente en contra de la represión ejercida por el poder y la religión.

Ferrari reflexionó sobre su relación con el público cuando visitó una muestra de sus obras, "Heliografías" y "Nunca más", en Buenos Aires en 2007.

"Tuve un tiempo no muy distante, en el que quise ser entendido por todos", dijo el artista, según su sitio oficial.

"Después percibí que el lado racional, esa suerte de locura cotidiana para que todo parezca normal, era imposible", añadió. "Las heliografías tienen el aspecto de planos o urbanizaciones con cierta gracia surrealista. También pueden verse de alguna manera como una arquitectura de la locura. El hombre es muy pequeño, en él su mayor parte es subjetiva, como el amor o un secreto".