A veces los ataques palestinos son producto de un despecho

Durante años el obrero palestino Nimr Jamal viajaba a diario desde su casa en un pueblo de la Margen Occidental a un asentamiento israelí vecino, donde era conocido como un buen trabajador, querido...

Durante años el obrero palestino Nimr Jamal viajaba a diario desde su casa en un pueblo de la Margen Occidental a un asentamiento israelí vecino, donde era conocido como un buen trabajador, querido por los residentes, algunos de los cuales se hicieron amigos y lo invitaron incluso a bodas.

Hasta que el martes 26 de septiembre sacó un arma y mató a tiros a tres guardias, hiriendo de gravedad a otro, antes de ser abatido.

Israelíes y palestinos ensayaron todo tipo de explicaciones al atentado, pero las razones parecen más sencillas: Jamal estaba abatido porque se había separado de su esposa y ello lo llevó a realizar una misión suicida.

Expertos tanto israelíes como palestinos dicen que ha habido decenas de casos similares en los últimos dos años, perpetrados por palestinos con trastornos emocionales o psicológicos que realizan ataques mortales que terminan siendo atribuidos a su nacionalismo.

De los 400 ataques palestinos registrados en Israel desde septiembre del 2015, un 18% fueron motivados por razones personales, según la agencia de seguridad israelí Shin Bet. Dos tercios de los casos respondieron a razones ideológicas y no se conocen las causas de un 15%, de acuerdo con el informe.

Un funcionario de Shin Bet dice que hubo atacantes con trastornos mentales, víctimas de violencia doméstica, gente con penurias económicas y mujeres que habían “deshonrado a la familia” manteniendo relaciones sexuales. El funcionario habló a condición de no ser identificado, como es rutina con el Shin Bet.

Pintar estos ataques como manifestaciones nacionalistas tiene sus ventajas. Los ataques contra los colonos de los asentamientos en la Margen Occidental o contra las fuerzas de seguridad son muy bien vistos por los palestinos y sus autores son considerados “mártires”. Sus familias pueden entonces recibir ayuda de un “fondo para mártires” que beneficia a parientes de personas que murieron o fueron arrestadas por Israel. Los israelíes dicen que esto funciona como incentivo para perpetrar este tipo de acciones.

La investigación de Shin Bet concluyó que Jamal era un hombre de 37 años muy atribulado y con una historia de violencia doméstica. Su esposa había escapado hacía poco a Jordania para no ser golpeada, dejando a sus cuatro hijos. En una nota que publicó en Facebook, Jamal dijo que había sido un mal esposo y le pidió perdón a su esposa.

Su ataque causó conmoción entre los residentes de Har Adar, que lo apreciaban mucho. Es un asentamiento de viviendas caras que mantiene buenas relaciones con localidades palestinas vecinas como Beit Surik, donde vivía Jamal.

“Fue un ataque aislado, obra de un enfermo. No queremos asociarlo con otros palestinos que han estado viniendo a trabajar pacíficamente por 30 años”, expresó Chen Filipovitz, director del concejo municipal de Har Adar. “Tenía problemas y nos los pasó a nosotros”.

Muchos de los atentados recientes han sido atribuidos a atacantes solitarios. Israel acusa a los palestinos de instigar estas acciones, mientras que los palestinos las atribuyen a la frustración de vivir en tierras ocupadas.

Israel capturó la Margen Occidental hace 50 años y construyó una cantidad de asentamientos. Sus detractores afirman que destruyó la economía palestina con restricciones al comercio y la libertad de movimiento y de desarrollo. El desempleo es alto entre los palestinos, por lo que decenas de miles de ellos trabajan en asentamientos como Har Adar.

“La gente no tiene otra alternativa. Vivimos bajo la ocupación y no tenemos una economía real”, se lamentó Ahmed al-Jamal, alcalde de Beit Surik.

La legisladora palestina Khalida Jarrar está a punto de publicar un libro con un estudio informal de las prisiones israelíes, en el que dice que de las 93 mujeres detenidas allí, 46 habían sido apresadas como resultado de la “opresión social”.

Afirma que diez apelaron a la violencia porque las obligaron a casarse en contra de su voluntad. Otras dijeron que querían escaparle al hostigamiento sexual, a matrimonios infelices y a padres abusivos.

Una niña de 16 años le dijo a Jarrar que su padre atormentaba a su madre y le arruinaba la vida. “No lo podía soportar. Por eso tomé un puñal y me fui al puesto de control”, expresó, según el libro.

Jarrar, quien pasó un año presa acusada de haber incitado a la violencia, niega la acusación y dice que Israel la detuvo para silenciarla. En su libro describe las condiciones en que viven los palestinos en las prisiones israelíes.

Israel acostumbra a demoler las casas de las familias de los atacantes y sus fuerzas se aprestaban a derribar la de Jamal. Además revocó los permisos de trabajo de los parientes de Jamal.

“Muchos atacantes, sobre todo las mujeres, llevan a cabo esas acciones para escaparle a problemas sociales”, expresó un abogado que colabora con presos palestinos y que habló a condición de no ser identificado para no violar la confidencialidad de sus clientes. “Cuanto atacas a un israelí, eres un héroe nacional”.

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El reportero de la Associated Press Mohammed Daraghmeh colaboró en este despacho desde Beit Surik, Margen Occidental.

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Aron Heller está en www.twitter.com/aronhellerap