El hambre siembra la desesperación entre refugiados rohingya

Los refugiados rohingya seguían saliendo en gran número desde Myanmar, y los que ya están hacinados en campos y asentamientos improvisados en Bangladesh empezaban a desesperarse el sábado ante la...

Los refugiados rohingya seguían saliendo en gran número desde Myanmar, y los que ya están hacinados en campos y asentamientos improvisados en Bangladesh empezaban a desesperarse el sábado ante la escasez de recursos básicos y los menguantes suministros.

Habían estallado algunas peleas por la comida y el agua. Mujeres y niños tocaban a las ventanas de los coches o jalaban de la ropa de los reporteros que pasaban, frotándose el estómago y suplicando comida.

Naciones Unidas estimó el sábado que unos 290.000 musulmanes rohingya han llegado a la región de Cox’s Bazar apenas en las últimas dos semanas, sumándose a los al menos 100.000 que ya vivían allí tras disturbios o campañas de persecución anteriores en Myanmar, un país de mayoría budista.

“Lo hacemos lo mejor que podemos, pero es muy difícil porque cada día vemos nuevas llegadas” y la gente no tiene a dónde ir, señaló Vivian Tan, portavoz de la agencia de refugiados de la ONU (ACNUR).

Muchos de los recién llegados estaban conmocionados y traumatizados tras huir de un brote de violencia iniciado el 25 de agosto en el estado de Rakhine, en Myanmar.

Ahora, están cada vez más desesperados por conseguir comida en puntos de distribución abiertos en los últimos días, que entregan paquetes de galletas y bolsas de 25 kilos (55 libras) de arroz.

Una trabajadora humanitaria que pidió no ser identificada dijo que “las reservas se están acabando”, y que las necesidades de los refugiados superaban de lejos lo que habían imaginado.

En un punto de distribución de comida, varias voluntarias ayudaban a mantener el orden tocando con amabilidad a la gente con varas de bambú para instarles a volver a la fila. Mujeres cansadas cargaban bebés en brazos mientras aferraban a sus otros hijos a su lado, temiendo separarse entre la multitud.

Un hombre de 40 años desfallecido de hambre se desmayó mientras esperaba y no pudo mantenerse de pie por sus propias fuerzas cuando otros le ayudaron a levantarse. Le dejaron caer unas gotas de agua entre los labios en un intento de reanimarle, sin éxito.

“Todo el mundo tiene hambre. Todo el mundo lleva horas esperando”, dijo otro cooperante que tampoco quiso dar su nombre.

La muchedumbre se está volviendo imposible de manejar, señaló, y las agencias humanitarias podrían necesitar presencia policial.

“No estamos preparados aquí para un número tan grande”, dijo.

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Los periodistas de Associated Press Nirmala George en Nueva Delhi y Katy Daigle en Bangkok contribuyeron a este despacho.

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