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Obra realizada a medias por el interno condenado a muerte Abu Ali Abdur´Rahman y la artista Kristi Hargrove Abu Ali Abdur'Rahman and  Kristi Hargrove

La Prisión de Máxima Seguridad de Riverbend, en Nashville es un gran complejo penitenciario —ocupa una extensión de casi un kilómetro cuadrado y tiene veinte edificios—. En la cárcel hay casi 750 presos, 480 de los cuales son considerados por las autoridades del penal como de alto riesgo.

Riverbend es la dependencia donde se aplica la pena de muerte en el estado de Tennessee. Hay dos posibilidades: silla eléctrica e inyección letal. En la página web de la cárcel se puede consultar el listado de las personas que esperan para ser ejcutados: 79 hombres.

Colaboración y diálogo

Once de los residentes en el corredor de la muerte se han aliado con artistas locales y estudiantes universitarios de Artes para un proyecto de colaboración y diálogo que logra romper, al menos plásticamente, los muros que separan a los libres de los condenados. El resultado puede verse en Unit 2 (part 1), que se exhibe en la galería-cooperativa Coop de Nashville hasta el 30 de septiembre.

Los presos se han organizado, debaten filosofía y llevan una página web Los internos, sometidos a severas restricciones por su condición de condenados a muerte, lograron organizarse a traves de REACH, una organización online que montaron con la ayuda del capellán de la prisión. Está basada en la educación recíproca y el intercambio de conocimientos, programan clases de debates religiosos y filosóficos y llevan una página web.

Trabajos a cuatro manos y delegados

A partir de esa base, este verano se empezó a gestar la idea de iniciar un plan de expresión artística. Estudiantes y profesores del Watkins College of Art, Design, & Film se ofrecieron como voluntarios para colaborar en el proyecto. Se establecieron dos modelos de funcionamiento: los trabajos a cuatro manos y los delegados.

En el primer caso el interno y el artista trabajan sobre un mismo dibujo o pintura que modifican mediante lentos intercambios del trabajo por correo. En el segundo, es el preso quien pide al artista que realice una obra por encargo —casi siempre fotografías, algo a lo que no tienen acceso en la cárcel—, indicando o sugiriendo motivos o enfoques.

Hace 25 años que no veo las estrellas a cielo abierto Quizá la descripoción de una de las obras que se exponen en Unit 2 (part 1) sea la forma idónea de describir esta inédita forma de colaboración: una foto nocturna de larga exposición deja ver las estrellas y las elegantes y libres siluetas de varios árboles. Sobre la copia impresa de la imagen, el condenado a muerte escribe de puño y letra: "Hace 25 años que no veo las estrellas a cielo abierto".

Empatía

Los organizadores de la exposición y todos los implicados coinciden en que ha sido un acto de mútua comprensión y empatía. Desde la galería han distribuido algunas declaraciones de los implicados, tanto de los que disfrutan de la libertad como de quienes esperan la muerte administrada por el Estado.

El arte es un momento de frescura y transformación "Esto me ha enseñado a expresarme artísticamente, siendo capaz de dar tu voz a otra persona", dice el interno Akil Jahi. "Un momento para expresarte artísticamente y sin violencia es no solamente terapeútico, es un momento de frescura y transformación", añade Abu Ali Abdur'Rahman.

"Fue fascinante ver como el proyecto se desarrollaba, saber que puedes sentir lo mismo que una persona con la que tienes muy poco en común", señala la estudiante de Fotografía Sharon Stewart. Su compañera Amy Clutter, que estudia Arte dice: "Antes era partidaria de la pena de muerte (...) Pero no sabía hasta ahora cómo funcionaba la justicia, ni me había planteado que estar libre o en el corredor de la muerte no te hace peor o mejor persona (...) Uno de los internos me ayudó a resolver mis problemas personales".