Un menor número de japoneses se quitó la vida en 2016, una señal positiva en un país con una de las tasas de suicidios más altas del mundo, informó el jueves el Ministerio de Salud.

La dependencia señaló que 21.897 personas se suicidaron en 2016, en comparación con más de 30.000 en 2011, lo cual es la cifra más baja desde 1994. De ese número, 15.121 fueron hombres y 6.776 mujeres. Fue el séptimo año consecutivo en que ha disminuido la cantidad de suicidios.

Los expertos dicen que es difícil precisar una razón para el descenso, el cual atribuyen a una combinación de factores. El gobierno ha realizado un esfuerzo decidido para afrontar el asunto, empezando con una ley nacional en 2006. Las leyes de préstamo al consumidor fueron modificadas para tratar de evitar que la gente se endeude demasiado, mientras que a través de campañas de concientización se ha expuesto el tema ante la opinión pública.

"Ahora podemos hablar sobre suicidios", dijo Yasuyuki Shimuzu, fundador de Lifelink (Vínculo con la vida), una organización sin fines de lucro que cabildea en favor de medidas que prevengan el suicidio. "Pienso que el cambio en el ambiente ha facilitado que las personas que lo necesiten busquen ayuda".

Antes de las buenas noticias, sin embargo, vinieron las malas noticias.

La cifra de suicidios en Japón aumentó agudamente en 1998 a más de 30.000, y se mantuvo a ese nivel durante más de una década. Fue un año en el que la economía del país cayó en recesión, y se incrementaron enormemente las bancarrotas y el desempleo. La tasa de suicidios se incrementó a cerca de 26 por cada 100.000 personas.

Lo único reconfortante es que los suicidios no aumentaron después de una profunda recesión en 2008-2009. Posteriormente comenzó el descenso en 2010, y desde entonces se ha mantenido continuo a cifras similares a los niveles previos a 1998.

Un análisis más cercano de los datos muestra que los principales factores tanto del aumento de suicidios a más de 30.000 como del descenso a cerca de 20.000 fueron problemas de salud y financieros. La disminución ha sido más aguda en personas de 50 a 59 años de edad.