Contando cada hora antes de subir al avión que la llevaría a España para cumplir lo que resta de su condena en la prisión Soto del Real, Patricia Calviño recuerda que marcó más de 1.300 cruces en varios calendarios que representan sus días encarcelada en Lima por tratar de llevar cocaína a Madrid.

Junto a otros 30 reos, Patricia forma parte del mayor grupo de prisioneros españoles en la historia penitenciaria de la península en ser trasladados vía aérea desde el extranjero para concluir lo que resta de sus condenas en cárceles de su país.

The Associated Press fue uno de los pocos medios que hablaron con los presos antes de su partida a Madrid. En el país andino, la mayoría de convictos extranjeros europeos son de España y todos cumplen penas por tráfico ilícito de drogas. Hasta diciembre de 2016 había 216 españoles encarcelados en el país andino, la mayoría en Lima. Según la agencia antidrogas estadounidense DEA, Perú es el segundo productor mundial de cocaína y la mayoría va a Europa e ingresa por España.

Patricia, de 26 años y nacida en el municipio de Mieres, en Asturias, no intenta justificar su delito.

"Muchas hablamos que lo hicimos por necesidad económica, que nos faltaba dinero, pero es en realidad por carencia de valores", dice mientras se refresca con un abanico negro parada en un callejón que lleva a diversas celdas dentro de la cárcel Piedras Gordas II, ubicada en uno de las colinas del desierto costero de Lima, muy cerca del Pacífico.

Como muchas otras mulas del narcotráfico, fue contactada en una discoteca. La tentaron cuando le ofrecieron 10.725 dólares por volar hasta Lima para luego retornar con una maleta cargada con cocaína. Sin embargo, fue capturada con 3,6 kilos de droga en el aeropuerto de la capital peruana cuando estaba muy próxima a subir al avión de retorno a Madrid.

Patricia pasó su primera noche presa sentada en una silla de la división antidroga del aeropuerto esposada de pies y manos. Luego durmió en un colchón "lleno de pulgas y zancudos" y así empezó lo que ella describe como el inicio de un proceso en el que comenzó a "valorar las cosas", inclusive un vaso de agua.

Sin embargo, ahora que va rumbo a una cárcel española, donde aún le falta tiempo para salir de prisión, dice que los días le parecen interminables. "No duermo, me siento estresada, no veo la hora de poder llegar y abrazar a mi familia". Agrega que también quiere abrazar a su hija, a quien dejó a pocos meses de nacida y ahora tiene casi cuatro años.

La ministra de Justicia de Perú, Marisol Pérez-Tello, dijo a la AP que el gobierno "tomó una decisión política de un acuerdo que ya existía para simplificar los procedimientos" de las leyes y permitir que los reos españoles concluyan su sentencia en su país. Según expertos, las medidas también ayudarán a disminuir el hacinamiento en cárceles peruanas, que alcanzan el 132%.

Debido a que sus familiares están a más de 9.000 kilómetros de distancia, la mayoría de presos españoles no recibe visita en Perú.

Ángel López Berlanga, un reo nacido en Madrid de 45 años y condenado a 12 años de prisión por tráfico de drogas, afirma que desde que está preso en 2008 más de una decena de presos españoles han fallecido en cárcel por diversas enfermedades, entre ellas, hepatitis. "Pero también yo creo que por tristeza; muchos jamás recibieron visita porque su familia está lejos".

Ángel, quien terminará su condena en su país, cree que la cárcel le ha cambiado. "Cuando me detuvieron sentí rabia, me habían descubierto, pero ahora creo que me lo merecía". Se dedica a las labores de jardinería en la prisión Piedras Gordas II junto a otros paisanos suyos, algunos de los cuales no viajarán porque no cumplieron con todos los requisitos.

Uno de los que se queda es José Fernández, un barcelonés de 36 años y condenado a 12 años de prisión por intentar sacar 12 kilos de cocaína. "Será para la próxima", dice mientras se limpia las lágrimas que caen por su rostro mientras cultiva geranios rojos en el jardín de la cárcel desde puede ver las inmensas colinas marrones del extenso desierto limeño.

El lunes durante una visita oficial a Perú, el Ministro de Asuntos Exteriores de España, Alfonso Dastis, dijo que junto a los reos que continuarán cumpliendo sus condenas en España también serán trasladados otros 19 exreos españoles que viven en la capital de Perú en situación de indigencia y no pueden comprarse un boleto de retorno.

Perú y España tienen vigente un tratado para trasladar presos de un país al otro con el fin de que terminen de cumplir sus condenas. Según datos de 2014 del Ministerio Español de Asuntos Exteriores y de Cooperación, un total de 1.735 españoles se encontraban encarcelados en el extranjero hasta fines de aquel año. El mayor número de convictos estaba en Perú, seguido de Francia y Colombia.