Las autoridades alemanas registraron el miércoles las oficinas de la automotriz de lujo Audi en relación con el escándalo por las pruebas de emisiones de su empresa matriz, Volkswagen.

Las redadas formaban parte de una investigación por fraude sobre Audi, con sede en Ingolstadt, iniciada hace varias semanas por la fiscalía en Múnich.

Los modelos Volkswagen y Audi con motores diésel de dos litros suponen el grueso de los vehículos inmersos en un escándalo sobre falseo de pruebas de emisiones.

Los registros se centraron en la sede de la compañía en Ingolstadt y su planta de Neckarsulm, en el estado vecino de Baden-Wurttemberg, según el portavoz de Audi Moritz Drechsel.

"Audi coopera por completo con las autoridades, ya que tenemos el mayor interés en aclarar los asuntos", dijo Drechsel, añadiendo que no haría más comentarios debido a la investigación en curso.

Volkswagen ha admitido que equipó sus vehículos diésel con un software que detectaba cuándo se hacía una prueba al vehículo y apagaba los controles de emisiones en la conducción cotidiana. El resultado eran vehículos que superaban unas 40 veces la cantidad de óxidos de nitrógenos permitida en Estados Unidos, una sustancia contaminante que puede dañar la salud humana. Millones de vehículos en todo el mundo tenían el software.

Volkswagen se declaró culpable el viernes en Estados Unidos de conspirar para eludir las leyes medioambientales del país. Si un juez acepta la recomendación de sentencia del Departamento de Justicia, el escándalo le costará a Estados Unidos más de 20.000 millones de dólares sólo en Estados Unidos.

Sin embargo, además de la pesquisa en Múnich sobre Audi, la fiscalía de Braunschweig, Alemania, también investiga al grupo por posibles delitos penales.