Alcalde de Río ignora el carnaval, saca a relucir divisiones

El alcalde de Río de Janeiro Marcelo Crivella hizo algo impensable durante el fin de semana pasado: Le dio la espalda al carnaval.Y al hacerlo, este obispo pentecostal retirado sacó a la luz...

El alcalde de Río de Janeiro Marcelo Crivella hizo algo impensable durante el fin de semana pasado: Le dio la espalda al carnaval.

Y al hacerlo, este obispo pentecostal retirado sacó a la luz profundas divisiones en una sociedad conocida por sus actitudes tolerantes hacia las manifestaciones sexuales y los festejos, pero con una enorme comunidad evangélica que sigue creciendo y que no ve nada bien esas bacanales que duran el día entero.

Los alcaldes siempre han sido parte del carnaval, pero Crivella no asistió siquiera a la ceremonia inaugural del viernes y su ausencia de los festejos fue uno de los elementos que más dio de qué hablar en esta edición del carnaval. Incluso se llegó a decir que esta actitud del alcalde incidió en los accidentes de dos carrozas durante los desfiles.

"No hay tarea más grande para un alcalde que vigilar de cerca todo lo que sucede durante el carnaval", escribió el columnista del diario Folha de Sao Paulo Alvaro Costa e Silva, acotando que los accidentes pueden haber sido causados en parte "por la falta de vigilancia" de las autoridades municipales.

Muchos evangélicos se mostraron complacidos de que el alcalde no haya participado.

"Crivella es un buen hombre, un obispo", comentó María Riguera, una mujer de 80 años, miembro de la Iglesia Universal del Reino de Dios, la iglesia de Crivella. "Como evangélico, no debe participar en el carnaval".

Era obvio que el carnaval iba a plantear una situación delicada al alcalde. En las semanas previas los cariocas se divertían especulando que Crivella podría ser fotografiado junto a una bailarina de samba ligera de ropas o frente a carrozas con motivos alusivos a religiones afrobrasileñas como el candomblé o la umbanda.

Crivella, quien asumió el 1ro de enero tras ganar las elecciones municipales con el 59% de los votos, había asegurado que no dejaría que su fe interfiriese con sus tareas de gobierno. Muchos afirman que al no participar en el carnaval, incumplió esa promesa.

"Cuando leí que el alcalde no iba, fue como si estuviese diciendo que las 70.000 personas que vienen al Sambódromo y los millones que salen a las calles somos gente mala porque nos gusta el carnaval", expresó Carla Ferraz, de 18 años. "Debió haber sido un mejor anfitrión".

El alcalde difundió un largo comunicado el miércoles en el que sostuvo que, de haber ido al Sambódromo, "hubiera sido por demagogia".

"La gente de Río no quiere alcaldes con máscaras, ni siquiera durante el carnaval", escribió, aludiendo aparentemente al contraste entre sus creencias religiosas y los festejos.

Crivella aseguró que durante las festividades se enfocó en la seguridad de la ciudad y que su equipo estaba estudiando las medidas de seguridad para asegurarse de que no hay más percances durante los desfiles.

Los evangélicos tienen una presencia cada vez mayor en la política de Brasil, donde sus iglesias han tenido un crecimiento extraordinario y donde hay más católicos que en ningún otro país.

El 22% de los brasileños se identifican como cristianos evangélicos, comparado con el 5% de 1970. El "bloque evangélico" del Congreso tiene aproximadamente una quinta parte de las bancas en ambas cámaras, impulsa políticas conservadores e influyó en la destitución de la presidenta Dilma Rousseff el año pasado.

Numerosos brasileños, no obstante, rechazan a los evangélicos, a quienes ven como gente demasiado moralista, opuesta a la permisividad de la cultura brasileña.

La actitud de Crivella hacia el carnaval alimentó esa visión entre esos sectores.

El viernes por la noche Crivella no asistió a la ceremonia en que el alcalde tradicionalmente entrega la llave simbólica de la ciudad al Rey Momo, el rey de los deleites carnales. Los organizadores esperaron por horas, llave en la mano, hasta que llegó un emisario del alcalde, el director de la oficina de turismo de Río, quien ofreció disculpas y dijo que la esposa de Crivella estaba enferma. Nadie le creyó y las suspicacias aumentaron dos noches más tarde, cuando el alcalde y su esposa asistieron a un partido de tenis del Abierto de Río luciendo saludables.

"Crivella fue el único carioca que no hizo nada durante el carnaval: no se divirtió y no trabajó", sostuvo el chofer de taxi Rafael do Nacimento. "Esperaba algo más de él".

Crivella no fue tampoco a ninguno de los desfiles en el Sambódromo, que arrancaron el sábado y terminaron el martes.

Cuando una carroza embistió al público y lesionó a 20 personas el domingo, la gente empezó a hablar de una maldición porque el alcalde no fue a los festejos. Esa impresión se reforzó el martes cuando partes de otra carroza se desplomaron y lastimaron a 11 personas. Cinco siguen hospitalizadas, una en estado grave.

Crivella visitó a las víctimas de los accidentes en el hospital y difundió videos en su página de Facebook. Esa actitud fue encomiada por cientos de personas que visitaron la página del alcalde.

"Hay cosas más importantes que la entrega de la llave para iniciar el carnaval", escribió Elisangela Domingues.