´Guitare et verre´, 1917
´Guitarra y vidrio´ (1917), naturaleza muerta de Braque incluida en la antología  del Grand Palais de París Georges Braque - © Coll.Kröller-Müller Museum, Otterlo - © Adagp, Paris 2013

Hablar de cualquier tema ajeno a la pintura era para Georges Braque (1882-1963) puro cotilleo y debía ser evitado. Su timidez y discreción lo hacían sonrojarse incluso cuando se le pedía que posara para una fotografía no sabía adoptar el papel del bohemio llamativo, deseoso de atenciones y preguntas.

Desde mediados de los años setenta no se presentaba en París ninguna retrospectiva tan amplia como Georges Braque, recién inaugurada en el Grand Palais de la capital francesa con motivo del 50º aniversario de la muerte del artista. El largo silencio concuerda con la timidez de un creador que se consideraba poco menos que avocado a serlo. "Es terrible cuando uno se da cuenta de que es pintor (...) Si tenía una intención, era la de sentirme satisfecho cada día. En el proceso de sentirme realizado, resulta que lo que hago parecen ser pinturas", declaraba con fatalismo.

Comenzó adorando a los impresionistas hasta que lo deslumbró el atrevimiento del fauvismo en 1905, un movimiento que lo no le tenía miedo al color y lo encumbraba con desvergüenza por encima de la forma. La gran exposición revela a través de un recorrido cronológico cómo Braque comenzó así a retar las ideas preconcebidas en el arte: su siguiente víctima sería la perspectiva.

Absorbido por la personalidad arrolladora de Picasso

En los muchos paisajes arquitectónicos del artista, las construcciones no son más que figuras geométricas de dos dimensiones con un juego de luces que las lleva a la tercera dimensión. El engaño produce una revolucionaria perspectiva simultánea que Braque exploró de 1908 a 1913, años en los que conoció a Pablo Picasso, entonces ávido de hacer añicos y sobrepasar la perspectiva convencional.

El pintor malagueño acusaba a Braque de no tener sangre en las venasA pesar de que el pintor malagueño era una figura pública nata, un torrente de palabras que acusaba a Braque de no tener sangre en las venas, colaboraron en numerosas obras que resultaron ser fundacionales del cubismo. Con el tiempo, el francés salió perdiendo de esta simbiosis: la figura de Picasso es demasiado poderosa como para que sus logros se compartan con coetáneos.

Formas suaves tras la guerra

En cartel hasta el 6 de enero y con préstamos de grandes colecciones internacionales y del Museo Nacional de Arte Moderno de la Villa de París; la muestra exhibe una envidiable selección de obras cubistas de Braque (dominadas por el gusto del autor por las naturalezas muertas) y también trabajos posteriores a su participación en la I Guerra Mundial, en la que casi pierde la vida.

A su vuelta del campo de batalla adoptó formas más suaves, como demuestra su serie de canéforas de los años veinte inspirada en las jóvenes vírgenes que en la Grecia clásica llevaban en cestas ofrendas de fruta. La exposición incluye además una selección de las pinturas de pájaros y, por primera vez exhibida al completo, la serie Ateliers (1948-1955), representaciones de interiores cargadas de simbolismo.