Un juez federal sopesará un acuerdo para que el gobierno estadounidense le pague un millón de dólares a la familia de un mexicano que murió tras ser detenido por las autoridades migratorias y recibir varias descargas de una pistola aturdidora.

Si es aprobado en una audiencia el jueves en San Diego, el acuerdo pondría fin a un caso de casi 7 años que desató quejas generalizadas de que las autoridades estadounidenses de inmigración toleraban a agentes que usan fuerza excesiva. Los fiscales declinaron presentar cargos penales.

Los términos del acuerdo —dado a conocer la semana pasada en un documento de la corte— dividirían el dinero entre los cinco hijos de Anastasio Hernández, y casi una cuarta parte sería para cubrir honorarios de abogados y otros gastos.

El hombre desarmado de 42 años falleció luego de una confrontación con las autoridades en mayo de 2010 en el cruce fronterizo de San Ysidro, en San Diego, California. Las autoridades han dicho que se portaba agresivo mientras era repatriado a México.

Su deceso atrajo mucho escrutinio en 2012, cuando un video testimonial que se trasmitió por PBS parecía mostrar que a Hernández le dispararon cuando estaba tendido en el suelo, rodeado por una docena de agentes. Dieciséis miembros del Congreso le escribieron a la entonces secretaria de Seguridad Nacional Janet Napolitano para decirle que el caso de Hernández "posiblemente sea emblemático de problemas estructurales más amplios".

En 2015, el Departamento de Justicia aceptó la aseveración de las autoridades de que la fuerza que usaron era razonable y necesaria para someter a Hernández porque "no respondía a las órdenes y era violento físicamente". El gobierno mexicano condenó fuertemente la decisión.

Hernández se mudó a San Diego siendo adolescente y era originario del estado de San Luis Potosí. Trabajaba en la construcción y junto con su pareja, María Puga, tuvieron cinco hijos, todos nacidos en Estados Unidos.

El altercado comenzó cuando Hernández fue arrestado por la Patrulla Fronteriza junto con su hermano en las montañas al este de San Diego, supuestamente después de entrar sin permiso al país.

Una autopsia halló que el mexicano murió de un ataque cardiaco y que un padecimiento del corazón y el uso de metanfetaminas fueron factores que contribuyeron. La necropsia detalló que el hombre quedó inconsciente poco después de que le dispararon con la pistola aturdidora, al parecer tres o cuatro veces.