Miles de guerrilleros de las FARC dieron este miércoles un tímido paso hacia la legalidad al empezar a trabajar con la ONU en un inventario de sus armas antes de convertirse en un partido político legal.

El 1 de marzo era la fecha límite para que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) entregaran el 30% de su aún desconocido arsenal —que incluye fusiles, metralletas y explosivos_, pero los retrasos logísticos en las 26 zonas donde casi 7.000 rebeldes esperan en una suerte de limbo convertirse en un grupo legal, retrasaron el proceso. 

En La Carmelita, una de esas áreas en el sur del país, los guerrilleros veían escépticos la llegada de los observadores del mecanismo tripartito encabezado por Naciones Unidas que verifica el cese al fuego entre el Ejército y la guerrilla. En la reunión no se realizó el registro, aseguró Martín Corena, comandante del Bloque Sur, con unos 500 rebeldes.

"No podemos hacer dejación de armas unilateral", dijo Corena a The Associated Press. "No es que nos resistamos a dejar las armas, sí lo vamos a hacer, pero cuando veamos de la otra parte también cumplimiento", asegura. 

Las casetas parecen esqueletos a medio construir; el agua escasea y los baños y las cocinas tienen aún aspecto de campamento. Aunque la frustración de la tropa es evidente, nadie cuestiona que el proceso de paz seguirá adelante.

"Ellos solo tienen afán de que dejemos las armas, pero también tienen que cumplir con su parte de los acuerdos. Estamos viviendo como en un sitio de refugiados... Estamos bajo carpas, a una temperatura excesivamente alta, un calor desesperante... Cuando vivíamos en la selva había más tranquilidad, vivíamos debajo de los arboles", dijoó Jorge Tavarich, de 36 años y 17 en las filas rebeldes. "Mi mayor anhelo no es dejar el fusil, sino que se materialicen los acuerdos", agregó.

El presidente colombiano Juan Manuel Santos, visito el área en febrero, cuando medios oficiales difundieron imágenes de los rebeldes tomando clases de gastronomía con un profesor del Estado con sombrero de chef. Del medio millar de guerrilleros de La Carmelita, unos 120 están enrolados en ese tipo de cursos que buscan facilitarles el paso a la vida civil.

Tavarich, que llegó a terminar el bachillerato, prefiere esperar a que el final del proceso le permita ir a la universidad y estudiar Derecho.

El gobierno alega que las dificultades de acceso a las zonas donde la guerrilla espera el fin del conflicto han retrasado la construcción de los campamentos. Además, las autoridades reclaman a las FARC que aceleren la entrega de los menores que siguen en sus filas, pero los rebeldes piden que se materialice la ley de amnistía. 

Sobre los menores, Corena admite que hay 12 sólo en el Bloque Sur y que están preparados para salir en cualquier momento. No obstante, todavía no han regresado a la vida civil.

Iván Márquez, uno de los jefes de las FARC, destacó que pese a los retrasos en la adecuación logística de las zonas de concentración, otro de los líderes de la guerrilla dio orden de que se inicie el registro y se reajuste el plan de destrucción de armas o explosivos, para el cual Naciones Unidas dispuso un grupo de más de 450 observadores de 13 países.

"Hoy es un día histórico para el país. Las FARC dicen #AdiosAlasArmas para cambiar la violencia por la reconciliación", escribió Santos en su cuenta de Twitter.

A diferencia del pasado, cuando era habitual ver a los guerrilleros cargando armas en el campamento, ahora el armamento cuelga de las camas o columnas o está almacenado. "El proceso es irreversible", constató Pastor Alape, otro jefe rebelde, esta semana.

Los 90 dias de retraso en la construcción de las instalaciones es "muy mala señal" para todos los retos a los que se enfrentara el gobierno en el postconflicto, opinó Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación. En especial, con la seguridad amenazada por grupos narcotraficantes y el proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), que apenas inició.

"Quedó claro que no es falta de voluntad, pero esto demuestra (que) la excesiva burocracia atrofia al estado colombiano y hace imposible que se mueva", agregó Ávila.

-----

El corresponsal de AP en Bogotá, César García colaboró en esta nota.