Detail taken from Sode no maki (Handscroll for the Sleeve), c.1785
Detalle de un dibujo de Torii Kiyonaga © The Trustees of the British Museum

Las estampas e ilustraciones shunga (imágenes de primavera en japonés, idioma donde la palabra primavera es un eufemismo frecuente para el acto sexual) celebran el goce del sexo de manera explícita y sin cortapisas morales: los genitales de hombres y mujeres están a la vista y las posturas de las parejas son de gran variedad. Citado con frecuencia como antecedente remoto del hentai, el manga descaradamente pornográfico, el tradicional género de arte pícaro y escenas de alcoba ha llegado pocas veces a los museos europeos y solamente dentro de muestras temáticas sobre arte de Japón.

El British Museum (Museo Británico) de Londres se anota el triunfo de ser la primera pinacoteca en organizar una exposición de calado sobre la disciplina. Shunga: sex and pleasure in Japanese art (Shunga: sexo y placer en el arte japonés) es la gran apuesta de la temporada de la institución. Se celebrará entre el 3 de octubre y el 5 de enero de 2014, las entradas ya están a la venta (7 libras esterlinas, unos 8,4 euros) y se requiere que los menores de 16 años entren acompañados de un adulto.

170 pinturas, grabados y libros

La muestra, con préstamos de colecciones del Reino Unido, Japón, Europa y los EE UU, exhibirá 170 obras entre pinturas , series de grabados y libros ilustrados. Entre las obras destacan las de algunos de los grandes maestros del shunga, como Hishikawa Moronobu (muerto en 1694 ), Kitagawa Utamaro (muerto en 1806 ) y Katsushika Hokusai (1760-1849 ).

Un arte tierno, divertido, hermoso y sin duda logrado Esta exposición, la primera de su tipo en el Reino Unido, dicen desde el museo, examina el la forma "a menudo tierna, divertida , hermosa y sin duda lograda" del género, "un fenómeno único en la cultura del mundo premoderno por la cantidad, la calidad y la naturaleza de la materia que se produjo". A partir de 1600, cuando está datado el primer shunga conocido —el libro de autor anónimo Yoshiwara makura, un manual de posturas sexuales—, y hasta 1907, cuando un nuevo Código Penal prohibió la difusión de material "obsceno", en Japón se produjeron decenas de miles de dibujos, grabados y xilografías shunga.

Más liberales que en Europa

Los dibujos forman parte de la escuela popular ukiyo-e (pinturas del mundo flotante), especializada en el grabado sobre madera. Los shunga eran producidos, en ocasiones por artistas de enorme prestigio, por encargo para clientes de la clase dirigente, pero también para un público popular y masivo. Esta cararterística es muy difrente al modo de producción y distribución clandestinos del mismo tipo de material en la Europa contemporánea, donde las prohibiciones religiosas y la moral establecían una división absoluta entre arte y pornografía.

Defendía valores generalmente positivos hacia el placer sexual Las publicaciones shunga nunca fueron objeto de censura y estaban incluidas en las redes nacionales de bibliotecas y préstamos, así como los comercios dedicados a la venta de libros. Aunque Japón, como dicen los organizadores de la muestra "no era un paraíso del sexo" —el adulterio, por ejemplo, era un crimen grave—, el shunga salió indemne porque defendía valores "generalmente positivos hacia el placer sexual".

Reconocían la sexualidad femenina

En la muestra del Británico se exhibe una memorable impresión en color de la serie de ilustraciones eróticas para los doce meses dibujadas por Katsukawa Shuncho  en torno a 1788 en la que una pareja hace el amor en diferentes lugares y posiciones según la estación del año, demostrando que la sexualidad de las mujeres "fue reconocida" por los artistas y, "aunque los hombres eran los principales consumidores" de los grabados eróticos, el público femenino era tenido en cuenta como una "audiencia importante".

Picasso adoraba el arte 'shunga' y tenía una colección privada de 60 dibujos Entre finales del siglo XIX y principios del XX, el shunga fue "casi borrado de la memoria popular y académica en Japón y se convirtió en un tabú". Irónicamente fue en este momento cuando los grabados fueron descubiertos con entusiasmo por artistas ajenos a Japón como Toulouse-Lautrec y Picasso, que tenía una colección privada de más de sesenta dibujos.