Detestaba a Trump en 'The Apprentice', pero votó por él

Sacó 13 sobres de un armario de la cocina, cada uno con una factura a pagar: la casa, préstamos estudiantiles, la aspiradora que compró en cuotas.Lydia Holt y su esposo guardan dinero en esos sobres...

Sacó 13 sobres de un armario de la cocina, cada uno con una factura a pagar: la casa, préstamos estudiantiles, la aspiradora que compró en cuotas.

Lydia Holt y su esposo guardan dinero en esos sobres cada vez que cobran. Los dos ganan unos 10 dólares la hora. Ella hizo las cuentas: al paso que van, seguirán pagando las mismas facturas por 87 años.

En el 2012, Holt votó por Barack Obama porque hablaba de un cambio, pero siente que los cambios que pueda haber habido no le llegaron a ella. Por eso el año pasado votó por un candidato distinto, un empresario multimillonario que prometía ayudar a la gente como ella.

Lo mismo hicieron muchos de sus vecinos. Tantos que por primera vez en más de 30 años el condado de Crawford, Wisconsin, tradicional bastión demócrata, le dio la victoria a un republicano. La historia se repitió en unos 50 condados a lo largo de unos 480 kilómetros (300 millas) del rio Mississippi, en partes de Minnesota, Wisconsin, Iowa e Illinois.

Votaron por Trump por muchas razones y ahora esperan que resuelva una cantidad de asuntos: sueldos estancados, el costo de los planes de salud, la sensación de que las cosas no mejoran, por lo menos para la gente como ellos.

Aquí, en el condado de Crawford, los residentes mencionan siempre dos cosas: resaltan con orgullo que es la segunda comunidad más vieja del estado. Y acotan que también es una de las más pobres.

No hay fábricas abandonadas que simbolicen el malestar. La calle principal de Prairie du Chien desemboca en el río Mississippi y se llena de turistas en el verano. Camiones de carga llenan los estacionamientos de la planta de la empresa 3M y el centro de distribución de Cabela, donde trabajan cientos de personas. Hay unos pocos negocios cerrados que no alcanzan a insinuar que la vida aquí es mucho más dura de lo que parece.

En este sitio que asombró al país cuando ayudó a llevar a Trump a la Casa Blanca, muchos que votaron por él y lo ovacionaron en actos se encogen ahora los hombros al ver el rumbo que ha tomado su presidencia. El tema de la inmigración no es relevante aquí y observaron con inquietud cómo emitía sus decretos para construir un muro en la frontera con México y prohibir el ingreso de personas de siete países mayormente musulmanes, iniciativas que generaron un caos en todo el mundo.

Pero siguen expectantes, esperando un renacimiento de la economía.

Jim Bowman, director de la Corporación para el Desarrollo Económico del condado, dice que la ansiedad en torno a la economía no se basa en cosas visibles, sino que es más bien una sensación de que la calidad de vida empeora. Hay bastante trabajo, pero cuesta encontrar uno que pague más de 12 dólares la hora. Los jóvenes ambiciosos se van. Hay cada vez menos escuelas rurales y con ellas se va diluyendo el orgullo que sentía la gente en su tierra.

"Pregúntele a cualquiera, y le dirán lo mismo: estamos cansados de vivir así", expresó Mark Berns, asomándose por la ventana del taller de reparación de pequeños motores que apenas si puede mantener a flote.

Berns dice que observa los primeros días de la presidencia de Trump con una mezcla de esperanza y de temor. Le preocupa la tendencia de Trump a privilegiar la cantidad por sobre la calidad, el hecho de que gobierna firmando un decreto presidencial tras otro.

"Espero que haya más empleos y que la economía se recupere, que todos puedan tener un trabajo decente y ganar un suelo decente, y tener una posibilidad de vivir el sueño americano, que ha sido inalcanzable en los últimos ocho o diez años", dijo Berns. "Soy optimista. Espero no equivocarme".

Marlene Kramer también se dice optimista de que Trump cumplirá sus promesas. Su prioridad es el plan de salud.

Kramer votó dos veces por Obama y acostumbraba a ver a Trump en el programa televisivo "Celebrity Apprentice". "Me decía a mí misma, 'no soporto a este tipo'. Cuando anunció su candidatura, pensó que era una broma. "Pero mi esposo me dijo, 'oye, todo lo que toca se convierte en dinero'''. Y cambió de parecer.

La mujer tiene 54 años y trabaja desde los 14. Ha hecho de todo: ha alimentado ganado y ha estado parada todo el día en fábricas. Ahora trabaja en un taller de costuras y se siente feliz. Al menos se puede sentar. Pero no tiene seguro médico.

Dice que le complace que el plan de salud de Barack Obama le haya dado cobertura médica a millones de personas. Pero a ella no le sirvió.

Ella y su esposo quedaron anonadados al comprobar que tendrían que pagar 1.000 dólares al mes y prefirieron pagar una multa de 2.000 dólares anuales en su lugar, ilusionados con la promesa de Trump de que va a reemplazar ese programa por uno mejor.

Del otro lado de la ciudad, Robbo Coleman se inclinó sobre el mostrador del bar donde trabaja y describió una transición política parecida. Tomó un bolígrafo envuelto en plástico que decía "hecho en China".

"No veo por qué no podemos fabricar bolígrafos en Praire du Chien, en Louisville, Kentucky, en Alabama o donde sea", indicó.

A Coleman no le caen bien las decisiones de Trump de construir el muro o de vetar a ciertos inmigrantes, pero le molesta el que los otros políticos ya no escuchen a la gente trabajadora como él.

"Hay que darle un poco de tiempo", indicó. "No es Houdini".

El agricultor Bernard "Tinker" Moravits también está dispuesto a esperar un poco.

Dice que esperaba que Obama produjese un cambio y ahora espera que lo haga Trump. El precio de la leche y de los productos agrícolas se ha desmoronado y cuesta seguir funcionando. Quiere que el mandatario reduzca la burocracia y renegocie los acuerdos comerciales con otros países en beneficio de los agricultores estadounidenses.

Se enoja al hablar de lo que describe como "el estúpido muro" de Trump. Moravits emplea peones hispanos desde hace 15 años. Hacen un trabajo duro, difícil, que los blancos no están dispuestos a hacer, asegura.

Dice que no está muy pendiente de las noticias.

"No representan nada para mí", sostuvo. "Es como ver el Super Bowl. Lo que importa es cómo termina".

No está tan seguro de que Trump vaya a hacer que Estados Unidos "vuelva a ser un gran país" para los agricultores. Pero opina que había que correr el riesgo.

Sonrió, se encogió de hombros e hizo un gesto como de tirar los dados.

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La reportera de AP Angeliki Kastanis colaboró en este despacho.