El acuerdo logrado este sábado entre Estados Unidos y Rusia para el desmantelamiento del arsenal químico del régimen de Bachar al Asad parece alejar la posibilidad de una intervención militar extranjera en Siria, aunque ésta no queda descartada. El pacto supone, en primer lugar, un ultimátum a Damasco: tiene una semana para elaborar y enviar un listado completo sobre los tipos y cantidades de agentes químicos, los tipos de municiones y su localización. Ese arsenal, según avanzó el Secretario de Estado de EU, John Kerry, será destruido a mediados de 2014.

Noviembre es otra de las fechas clave en la hoja de ruta marcada por EU y Rusia. En concreto, es la fecha límite para que los  inspectores internacionales de la ONU se desplieguen en el terreno y verifiquen el desmantelamiento del arsenal de armas químicas sirias.

Por último, el acuerdo insiste en la necesidad de que la colaboración de Damasco con la comunidad internacional sea plena, ya que de lo contrario se podrá considerar el empleo futuro de la fuerza, conforme al artículo 7 de la Carta de Naciones Unidas.

Obstáculos en el camino

Ante este escenario incierto, todavía quedan incógnitas sobre cómo se llevará a cabo el desarme químico en Siria, y cuánto tiempo durará, aunque ya han avanzado que los plazos serán más cortos que los establecidos en la Convención para la Prohibición de Armas Químicas. En este aspecto, Damasco ha dado el primer paso y ha solicitado formalmente a la ONU para adherirse a la Convención. Según este tratado, cualquier país puede suscribir la Convención en cualquier momento y prevé que las normas incluidas en la misma serán de obligado cumplimiento 30 días después de la fecha en la que se presente una solicitud. En el caso de Siria, esta fecha se cumple el 14 de octubre de 2013.

La localización de los arsenales de gas sarín no implica la detección de los ingredientes con los que se fabrica el gas La localización dependerá de lo facilitado por Damasco en el plazo de 7 días. Antes del comienzo de la guerra, en 2011, Siria tenía complejos de investigación y producción cerca de Damasco, Alepo, Homs, Latakia y Hama en los que se producían cientos de toneladas de agentes químicos al año, según el Centro James Martin para los Estudios sobre la No Proliferación y la Iniciativa para la Amenaza Nuclear.

Según lo acordado este sábado, la inspección de los lugares de almacenamiento y producción que se declaren deberá haberse completado en noviembre próximo y para ese mismo mes tendrán que haberse destruido ya los equipamientos de producción y mezcla de sustancias tóxicas. Asimismo, en un documento de principios anexo al acuerdo se establece que "la eliminación completa de todo el material de armas químicas y equipamiento deberá completarse en la primera mitad de 2014".

No obstante, los expertos califican esta inspección de complicada y difícil, puesto que la localización de los arsenales de gas sarín no implica la detección de los ingredientes con los que se puede fabricar este gas.

Además, la rapidez en la destrucción de estas armas químicas dependerá de cómo estén almacenadas, ya que su eliminación debe hacerse en lugares especiales, con altas temperaturas y controles para evitar que el gas se escape.

Quedaría por saber qué hay de cierto en las acusaciones que han hecho los rebeldes en que se ha llevado parte de ese arsenal a Irak y Líbano.

Posturas encontradas

Por otro lado, el acuerdo no amilana las diferentes posturas con las que partieron los dos interlocutores del conflicto sirio, EE UU y Rusia.

No hemos adoptado ningún cambio en nuestra postura Del lado estadounidense, Obama advirtió en su discurso semanal del sábado —que grabó antes de que se conociese el acuerdo bilateral— que no se fiarían de las palabras de Rusia ni de Siria, y que "si la diplomacia fracasa, Estados Unidos y la comunidad internacional tienen que estar preparados para actuar".

Esta contundencia en las palabras del presidente estadounidense se materializará al mantener desplegadas en el Mediterráneo las tropas y medios necesarios para una intervención militar: "No hemos adoptado ningún cambio en nuestra postura de fuerza hasta el momento", ha explicado un portavoz del Pentágono, George Little.

En el otro lado, Rusia ha insistido —la última vez este sábado— en que "toda acción debe ser aprobada por el Consejo de Seguridad" de la ONU, donde este país y China tienen derecho a vetar cualquier nuevo plan de ataque en Siria por parte de EU.

La guerra civil sigue

Mientras tanto, en Siria no parece que vaya a haber una reconciliación a la vista. El jefe del Ejército Libre Sirio (ELS), Salim Idris, ha rechazado el acuerdo bilateral entre EE UU y Rusia y aseguró que no pararán hasta la caída del Gobierno de Damasco. "No estamos interesados en ninguna parte de la iniciativa porque nosotros no tenemos armas químicas. Mis colegas y yo continuaremos los combates hasta la caída del régimen", aseguró.

No obstaculizaremos el trabajo de los inspectores, pero no habrá alto el fuego El líder rebelde ha reprochado que el plan presentado por Moscú para que Damasco deje sus armas químicas bajo supervisión internacional no hable del pueblo sirio ni del armamento convencional. "Es como si la sangre de los sirios fuera un puente para destruir solo las armas químicas", se quejó Idris, para quien no es posible que "un criminal entregue la herramienta del crimen y se le deje libre. Hay que llevar a (Bachar) al Asad ante tribunales internacionales)".

Además, expresó su desconfianza hacia Rusia porque "es socio en el asesinato de los sirios: vemos en la iniciativa una estrategia para ganar tiempo y encontrar una salvación para el régimen criminal".

Pese a rechazar ese plan, el líder del ELS aseguró que los rebeldes no obstaculizarán el trabajo de los inspectores internacionales que lleguen a Siria para verificar el desmantelamiento del arsenal químico, aunque "no va a haber un alto el fuego", avisó.