Mientras tenaces habitantes de Dichato defendían sus hogares del fuego, el viento que antes arrastraba las llamas hacia ellos cambió de dirección. En la zona aledaña hay unas 800 viviendas vulnerables, y bomberos, policías y brigadistas aún trabajan incansablemente para combatir los siniestros.

Los miles de litros de agua lanzados desde el aire por un Hércules enviado por Brasil humedecieron la zona amagada, permitiendo que en tierra los brigadistas y lugareños continuarán trabajando contra el tiempo en este balneario de Tomé, 470 kilómetros al suroeste de Santiago.

Por su parte, un súper tanker estadounidense con capacidad para lanzar 73.000 litros de agua empezó a trabajar el martes, descargando su contenido sobre Dichato para evitar los rebrotes.

El cambio del viento se saltó repentinamente las casas de la zona y se aproximó al aledaño poblado de Menque, cuyos habitantes también recibieron la orden de evacuar. Sin embargo, centenares de pobladores amanecieron despiertos por temor al regreso de las llamas.

Toda la zona costera de este balneario fue arrasada por gigantescas olas del tsunami que siguió al terremoto de magnitud 8,8 que asoló el centro sur del país.

La presidenta Michelle Bachelet afirmó el martes que "se mantiene la gravedad de los incendios", aunque destacó el aumento de los recursos humanos y técnicos para combatirlos".

Centenares de incendios forestales arrasan el centro sur de Chile desde hace poco más de dos semanas y han ocasionado la muerte de 11 personas y la destrucción de más de 366.000 hectáreas, según las últimas cifras de la Corporación Nacional Forestal (CONAF). Ésta precisó que al martes se combatían 85 incendios, de los cuales había 54 controlados y uno extinguido.

Un "fuego controlado" implica que no hay llamas, pero las raíces de la vegetación arden bajo la tierra y a menudo producen nuevos brotes.

Un incendio de este tipo volvió a surgir el lunes en Pupuya, en la comuna de Navidad, quemando 13 casas, y el martes apareció un siniestro forestal en áreas del monumento natural "Cerro Ñielol", cerca de zonas habitadas de Temuco, 690 kilómetros al sur de la capital.

Según el último reporte de la oficina nacional de emergencia, casi 20.000 personas, incluidos más de 500 brigadistas de una decena de países, combaten los peores siniestros forestales en la historia de Chile, que han dejado 3.782 damnificados, 1.108 albergados y 1.047 viviendas destruidas. Asimismo, hay 42 aeronaves que combaten los fuegos desde el aire, a los que se sumaron el martes cuatro helicópteros, uno de ellos con capacidad para volar de noche.

Decenas de familias permanecen cerca de sus casas para cuidar lo poco que salvaron, pero otras se fueron a vivir con familiares. Mientras tanto, muchas personas bajaron de lugares cerca de las cordilleras y están apostados en pequeñas carpas al borde de carreteras porque, afirman, no han recibido ayuda. Además, hay innumerables casas de madera que se quemaron entre los cerros, a los que aún no llegan brigadistas ni autoridades.

Un tema recurrente es quién, qué o quiénes son los responsables de los incendios. La falta de mantenimiento al tendido eléctrico y la negligencia humana son algunas de las hipótesis hasta el momento.

El fiscal Emiliano Arias acusará judicialmente a Pablo Yáñez, subgerente técnico de la Compañía General de Electricidad (CGE), el 20 de marzo por la presunta responsabilidad de la compañía en el inicio del primer gran incendio forestal de Pumanque, 215 kilómetros al sur de Santiago, que luego se extendió a todas las comunas aledañas.

Arias le atribuye el delito de incendio intencional por una supuesta mala manutención del tendido eléctrico, que habría rozado con ramas de altos árboles, ocasionándose el fuego.

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En esta nota colaboró el camarógrafo de AP Mauricio Cuevas.