Después de pasar más de la mitad de su vida lejos de El Salvador, Omar Corleto volvió a su país para reclamar los restos de su padre.

Como miles de sus compatriotas, Omar tuvo que huir de este pequeño territorio centroamericano a causa de la Guerra Civil. Su padre fue secuestrado por los cuerpos de seguridad y él forma parte de una delegación salvadoreño-americana de hijos e hijas de padres desaparecidos durante el conflicto que dejó unos 10.000 desaparecidos y más de 76.000 muertos entre 1980 y 1992.

Omar y el resto de la delegación llegaron acompañados del congresista James McGovern y varios líderes religiosos, académicos y de derechos humanos de Estados Unidos. Una vez en El Salvador, demandaron la creación de una Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas de manera forzada en el conflicto armado.

Omar, que ahora es un ciudadano estadounidense, se presentó el viernes en conferencia de prensa junto a otros salvadoreños y relató su triste historia, que es también la de muchos salvadoreños que fueron víctimas de la cruel represión de los cuerpos de seguridad responsables de miles de asesinatos y desapariciones forzosas.

"Mi padre se llamaba Fidel Emiliano Corleto, pero para mi madre mi padre es todavía Fidel Emiliano Corleto. Ella cree que no ha muerto y que aquí va estar", dijo Omar durante la presentación de la campaña "Los Huesos de Nuestros Padres" que impulsa la Fundación Mauricio Aquino.

Omar cuenta que vivía con su familia en Santa Elena, un pequeño municipio del departamento de Usulután, a 128 kilómetros al este de la capital, y su padre era maestro. El 15 de octubre de 1981, cuando él tenía 12 años, los cuerpos de seguridad capturaron a su papá y nunca más apareció.

La historia de Omar es también la de Sara Aguilar, hija de Rodolfo Mauricio Aguilar, un profesor de Filosofía que daba clases en el Centro Universitario de Oriente, en la ciudad de San Miguel, a 135 kilómetros de la capital.

"Cuando yo solamente tenía un año y medio, lo desaparecieron. Fue a una reunión y nunca regresó. Lo buscamos, pero nunca lo encontramos. Para mí ha dejado un hueco en mi corazón. Es una parte que he perdido para siempre y lo que más quiero es saber qué pasó con él para poder seguir en este proceso de sanación", dijo Sara.

La Guerra Civil salvadoreña fue especialmente difícil para profesores y maestros. Según dice Sara al recordar la tragedia de su padre, ellos fueron quienes sufrieron lo peor. A pesar de estar dedicados a la academia, muchos docentes se unieron a la lucha de la principal gremial de profesores y el gobierno los ligó a las fuerzas de la revolución.

"No venimos a pedir compensación económica. No venimos a pedir monumentos. Simplemente queremos saber dónde están los huesos de nuestros padres para cerrar este capítulo e ir construyendo una verdadera paz que todavía no llega a este país y que llegará solamente cuando se sepa la verdad y se haga justicia", manifestó Omar.

La delegación que encabeza el congresista McGovern se reunirá con funcionarios del gobierno salvadoreño y con el presidente Salvador Sánchez Cerén, a quien le pedirán la creación de la Comisión y que ordene a la fuerzas armadas que haga públicos los archivos que pudieran contener información del paradero de las víctimas.

McGovern dijo que en la reunión con Sánchez Cerén que lo que ellos pedían era ayuda para esas familias, y reiteró su compromiso con la causa. "Me entristece decir que mi gobierno proporcionó financiamiento para muchas cosas que pasaron en este país durante la Guerra Civil. Por mucho tiempo, Estados Unidos simplemente decidió ignorar la manera en la que los derechos humanos eran violentados, así que estoy esperando que mi gobierno apoye cualquier tipo de iniciativa que salga de este esfuerzo", agregó.

McGovern dijo que también pedirá que los archivos clasificados que se encuentran en Estados Unidos también se publiquen. Esto no se trata de abrir heridas del pasado, sino de sanar aquellas que siguen abiertas, afirmó.