Audrey Hepburn
Audrey Hepburn era la modelo favorita de Terry O´Neill © Terry O'Neill - Courtesy Eduard Planting Gallery

En noviembre de 1962 a Terry O'Neill (Londres, 1938), un autónomo que intentaba ganarse la vida haciendo fotos, le soplaron que un grupo nuevo estaba grabando una canción que podría tener cierto éxito. Armado con su Nikon, el fotógrafo se fue corriendo al estudio, y retrato a la banda. Eran The Beatles y la canción Please Please Me, el segundo sencillo del grupo y su primer número uno. Las imágenes fueron de las primeras del cuarteto que se publicaron en los tabloides británicos.

Desde aquellos tiempos de inocencia ("pensábamos que todo acabaría y buscábamos planes para el futuro: Ringo quería montar una tienda de ropa de hombre y George Harrison, trabajar en un banco"), O'Neill ha tenido ante su objetivo a todas las celebridades que han conquistado la devoción colectiva mundial en la última mitad del siglo XX: top models, músicos, políticos, miembros de la realeza, deportistas, actores, las que él denomina, "las diosas" (Brigitte Bardot, Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor, Ava Gardner, Raquel Welch...) y los "iconos" (Frank Sinatra, David Bowie, Queen, Muhammad Ali, los Rolling Stones y los Beatles —bandas a las que retrató más que ningún otro—).

Don de ubicuidad

Es uno de los fotógrafos más queridos del Reino Unido —su obra está profusamente representada con 75 piezas en la colección permanente de la National Portrait Gallery de Londres— por el respeto y la dignidad con que plasma a sus modelos, el don de ubicuidad del que parecía dotado en los años del Swinging London, cuando trabajó codo con codo con otro de los grandes, David Bailey, y lo prolífico de su obra. Hace unos años O'Neill comenzó a cribar su archivo con la intención de elegir las mejores fotos.

He visto lo peor de los famosos, pero no quiero comerciar con secretos Fue un trabajo casi titánico dada la cantidad de película que ha empleado en casi sesenta años de práctica fotográfica, resumida en nada menos que unos dos millones de negativos. Finalmente eligió algo más de 300 imágenes, publicadas en el reciente libro Terry O'Neill. Es una colección basada en la belleza y la intimidad, sin una sola concesión al sensacionalismo, del que siempre ha abomnado pese a que conoce todos los secretos de los vips con los que ha tratado. "He sido invitado repetidamente para que escriba mi autobiografía porque he visto lo mejor y lo peor de los famosos, pero n0 me interesa ganar dinero comerciando con secretos. Quiero que mis fotos cuenten una historia, no que vendan una historia", explica en una entrevista.

Audrey, "asexuada, pero increiblemente expresiva"

Parte de las fotos del libro se exponen en Terry O'Neill- Newly Discovered (Terry O'Neill, nuevamente descubierto), en cartel hasta el 19 de octubre en la Galería Eduard Planting de Ámsterdam (Holanda). Entre los retratos hay imágenes de las personas a las que el fotógrafo considera más fotogénicas: entre las mujeres, Audrey Hepburn ("era asexuada y muy flaca pero increiblemente expresiva, muy profesional y encantadora), y entre los hombres, Cary Grant, Paul Newman y Elvis Presley.

Hijo de padres irlandeses, la fama de O'Neil empezó en 1959 cuando hizo una foto casi al azar en el aeropuerto londinense de Heathrow de un hombre que echaba una cabezada sobre una mesa de la terminal. El sujeto cansado y solitario resultó ser  el entonces ministro británico del Interior, el influyente político conservador Rab Butler.

Casado con Faye Dunaway

El fotógrafo ha publicado fotos en todas las grandes revistas ilustradas y estuvo casado con la actriz Faye Dunaway. Tuvieron un hijo en 1980 y se divorciaron en 1986. Ambos polemizaron en público sobre la paternidad del crío hace unos años, cuando el fotógrafo afirmó que era adoptado y la actriz que se trataba de un hijo biológico.

Ahora el rock and roll es aceptado, o sea que no es rock and roll Después de tantos años en la brecha, O'Neill se queja del nuevo modelo de trabajo, condicionado por los intermediarios y la agencias de relaciones públicas. "Antes el trato era entre los modelos y tú. Los actores o músicos dejaban que te acercaras y no había publicistas controlando lo que aparecía en las fotos. Tampoco había cámaras digitales ni retoques con ordenador para cambiar deshonestamente la verdad de las fotos. Todo lo que ves ahora está controlado por agentes y expertos en marketing". Con ese mismo desencanto observa a la música: "ahora el rock and roll es aceptado, o sea que no es rock and roll".